Cuando deja de interesarte alguien, quizá te des cuenta de que también su entorno ha perdido interés para ti. Había algo en la situación anterior, algo que irradiaba de él y lo teñía todo, aunque fuera sólo un poco. Luego te inunda la normalidad y se te abren los ojos: ese amigo en común parece más aburrido, crees que ha llegado el momento de dedicarte a algo diferente, a ver si tus oportunidades en la vida están en ese otro algo... Eso también tiene algo de falaz, porque encierra una esperanza vana de solución total para tu vida.
Y así es como me siento, en mitad de un mar de indiferencia. Él sigue con sus estupideces, a veces, tratando de llamar mi atención para nada. No parece burla, sino más bien una dependencia de mis reacciones, con esa mirada un punto desesperada. Qué voy a hacerle; o lo supera, o él verá, porque yo ya no soy la misma.
sábado, 30 de noviembre de 2013
domingo, 3 de noviembre de 2013
Otra de esas mañanas...
Horas sin parar de hacer cosas. Estoy exhausta, y todavía me queda aguantar la comida familiar. Tampoco me extrañaría nada recibir visitas a la tarde, visitas que en otro momento agradecería, pero me temo que lo único que me va a apetecer va a ser quedarme dormida en el sofá, mientras la tele suelta las típicas tonterías domingueras.
Podría ser peor. He estado estudiando y creo que ha sido un tiempo bien invertido. Tengo la cabeza a reventar de datos, y para colmo debo de haber estado mal sentada, porque tengo la espalda algo dolorida. Y pensar que hace años podía estudiar haciendo el pino y con la tele puesta y ni me enteraba...
Bueno, mientras llegan los que tienen que llegar, voy a ver si leo un rato. Sin hacer el pino ni nada, sólo escuchando el ruido ambiental de los padres y los hijos que han salido a dar una vuelta: Dani-ven-para-acá-de-una-vez, Sara-que-nos-vamos-a-comer-ya-coño-cría...
Podría ser peor. He estado estudiando y creo que ha sido un tiempo bien invertido. Tengo la cabeza a reventar de datos, y para colmo debo de haber estado mal sentada, porque tengo la espalda algo dolorida. Y pensar que hace años podía estudiar haciendo el pino y con la tele puesta y ni me enteraba...
Bueno, mientras llegan los que tienen que llegar, voy a ver si leo un rato. Sin hacer el pino ni nada, sólo escuchando el ruido ambiental de los padres y los hijos que han salido a dar una vuelta: Dani-ven-para-acá-de-una-vez, Sara-que-nos-vamos-a-comer-ya-coño-cría...
sábado, 2 de noviembre de 2013
Difuntos, se llama
Bueno, seguimos con los días más divertidos del año. Como preveía, no ha sucedido nada hoy, o casi. Lo más reseñable, que me he encontrado con una cotilla que hacía mucho que no veía a primera hora de la mañana, la cual por supuesto me ha estado preguntando por mis cosas de trabajo ("Bien, todo bien, señora". Bueno, no es así exactamente, pero a ella no le voy a dar detalles chungos que pueda disfrutar). Y a segunda hora, con quien me he topado es con una pesada de esas que te cuentan las enfermedades familiares y acabas preguntándote si la enfermedad de su familia no será ella. Entre eso y una puesta de pilas brutal se me ha pasado la mañana.
La tarde también la he tenido algo ocupada, pero menos. Me ha pillado la lluvia en la calle y he llegado a casa a tiempo de ver cómo se convertía en un diluvio. Me encanta ver la lluvia desde mi ventana, y si no hace demasiado frío, soy muy capaz de sentarme en la parte más resguardada del balcón con un libro, a disfrutar del ruido de las gotas. Hoy lo he hecho, pero no me ha durado mucho el disfrute, porque el agua entraba hasta donde estaba yo y me mojaba, así que me he contentado con la ventana. Ha sido curioso, absolutamente relajante, como si de repente me quitaran un gran peso de encima y mis brazos y piernas cayeran hacia los lados de la silla.
Poco más. No he tenido mucha compañía, como me suele pasar, pero al menos he podido campar a mis anchas. Y no sé cómo se me ha olvidado, pero no he ido al súper, lo cual es bueno y es malo, porque más que nada proyectaba comprarme comida basura, pero también algunas cosas más necesarias que no sé cómo las voy a sustituir en los próximos días. En fin...
La tarde también la he tenido algo ocupada, pero menos. Me ha pillado la lluvia en la calle y he llegado a casa a tiempo de ver cómo se convertía en un diluvio. Me encanta ver la lluvia desde mi ventana, y si no hace demasiado frío, soy muy capaz de sentarme en la parte más resguardada del balcón con un libro, a disfrutar del ruido de las gotas. Hoy lo he hecho, pero no me ha durado mucho el disfrute, porque el agua entraba hasta donde estaba yo y me mojaba, así que me he contentado con la ventana. Ha sido curioso, absolutamente relajante, como si de repente me quitaran un gran peso de encima y mis brazos y piernas cayeran hacia los lados de la silla.
Poco más. No he tenido mucha compañía, como me suele pasar, pero al menos he podido campar a mis anchas. Y no sé cómo se me ha olvidado, pero no he ido al súper, lo cual es bueno y es malo, porque más que nada proyectaba comprarme comida basura, pero también algunas cosas más necesarias que no sé cómo las voy a sustituir en los próximos días. En fin...
viernes, 1 de noviembre de 2013
Soledad
Es un día que me he pasado entre cuatro paredes. Me suele pasar, pero sin fiestas yanquis de por medio. Y tampoco suele ser día de cementerios. La verdad es que odio este día, casi estaría mejor trabajando.
Las calles han estado vacías hasta última hora de la tarde. Era como raro, las pocas personas que se veían iban con prisa, casi tanta como los días laborables. Quizá también se sintieran incómodos con el ambiente, o simplemente hacía fresco. Yo he hecho algunas cosas, pero menos de las que planeaba, con lo cual mañana me tocará ponerme las pilas en serio. Será la forma de llenar mi sábado, que va a ser también bastante solitario.
Las calles han estado vacías hasta última hora de la tarde. Era como raro, las pocas personas que se veían iban con prisa, casi tanta como los días laborables. Quizá también se sintieran incómodos con el ambiente, o simplemente hacía fresco. Yo he hecho algunas cosas, pero menos de las que planeaba, con lo cual mañana me tocará ponerme las pilas en serio. Será la forma de llenar mi sábado, que va a ser también bastante solitario.
domingo, 27 de octubre de 2013
Casilunes
Mañana me levantaré, iré a la oficina, donde con suerte no pasará nada. Al salir cogeré el coche y me acercaré a la facultad, a ver si no ha pasado nada tampoco, o a ver si pasa algo positivo. A última hora de la tarde iré a hacer un poco de deporte, y estoy convencida de que ahí no pasará nada, porque nunca pasa nada.
La nada va cambiando de significado según el escenario. En fin.
La nada va cambiando de significado según el escenario. En fin.
jueves, 24 de octubre de 2013
Tonterías mías... y ajenas
Casi he terminado otra semana de pasillos faculteños. Ahí casi todo va bien, es un punto a favor de seguir adelante y titularme de una buena vez. No es que vaya a sacar unas notas gloriosas, creo yo, pero es posible que lo apruebe todo en pocas convocatorias, y ojalá que sólo en una. No debería importarme, yo ya tengo mi sitio en la vida, salvo que cierren la empresa o entremos en un ERE de los gordos. Sin embargo, una vez embarcada en el rollo este, me pone enferma pensar que pueda salir mal. Eso es lo tonto, más que el hecho de haberme matriculado. Se llama sufrir inútilmente, y soy una experta en ello.
Y la tontería ajena: una vez que has tomado la decisión de no seguirle el juego al tontaina que coquetea todo el tiempo contigo, y teniendo él una buena razón para cortar con eso, ¿a qué vino la carita de dolido del otro día? Está como para ir al psicólogo, el colega. Esa cara la debería tener yo, no él. Quien se ha portado como un gilipollas no he sido yo. Lo mío me cuesta poner ahora expresión neutra, haciéndome la tía dura. Y no voy a cambiar de actitud, porque es estúpido hacer otra cosa, salvo que suceda algo extraordinario que dudo mucho que vaya a pasar. En fin, atraigo a los frikis.
Y la tontería ajena: una vez que has tomado la decisión de no seguirle el juego al tontaina que coquetea todo el tiempo contigo, y teniendo él una buena razón para cortar con eso, ¿a qué vino la carita de dolido del otro día? Está como para ir al psicólogo, el colega. Esa cara la debería tener yo, no él. Quien se ha portado como un gilipollas no he sido yo. Lo mío me cuesta poner ahora expresión neutra, haciéndome la tía dura. Y no voy a cambiar de actitud, porque es estúpido hacer otra cosa, salvo que suceda algo extraordinario que dudo mucho que vaya a pasar. En fin, atraigo a los frikis.
lunes, 21 de octubre de 2013
Hello World
No me he muerto. No es que esté muy viva, pero aquí sigo. Y sigo metiendo la pata.
Decía yo que no iba a hacer nada una vez acabado el postgrado, pero esto es una adicción, no he podido evitar matricularme en unos estudios que a decir verdad no me interesan demasiado. Los tenía por ahí, a medias, y se me ocurrió concluirlos. No me queda mucho pendiente, la verdad; el problema es que me siento gilipollas por haberme embarcado una vez más en cosas de estas, después de haber decidido que no, que nunca más.
Total, me está afectando esta mierda en el trabajo (mala conciencia por no dedicar más energía a lo que me da de comer), en el tiempo de ocio (por supuesto), en el humor... Esta semana debería tomar alguna decisión seria, y si yo fuera inteligente lo mandaría todo a la mierda, pero me voy a dejar llevar, lo más seguro, y andaré arrastrándome por los pasillos de la facultad en el tiempo libre que pueda arañar.
Sentimentalmente no ando muy bien, tampoco. Suele pasar eso de que quien te gusta no te hace ni caso, pero ese tío del que huyes va y se enamora de ti, y sospecho que está pasando eso. Un tipo últimamente me sonríe y me da un poco la brasa, pero me tira para atrás. No es por fealdad, es que dudo hasta de su salud mental, yo diría que no es normal del todo. Además, qué puñetas, si no me gusta, pues no me gusta, y no es algo que yo pueda cambiar por la fuerza. Ah, y para colmo de males, creo que alguien me ha clasificado como lesbiana, probablemente sin ánimo de ofender. Es una colega pelín hipersexual, me parece que el problema es que si no estás tan salida como ella, automáticamente eres homo. En fin, que piense lo que quiera, no le voy a dar ninguna explicación. Bastante ocupada estoy tratando de huir del tipo raro al que le gusto.
La familia bien, gracias... No, mentira, tan mal como siempre. Es ese lugar al que regreso y en el que no puedo dar rienda suelta a nada, porque no me entenderían, o para no preocuparles. A veces me siento como una olla a presión, e incomprendida como una adolescente (¿dejé de serlo alguna vez?). Y sigue habiendo el mal ambiente habitual, esa relajación malsana cuando mi padre no está a la hora de la comida del sábado.
Creo que voy a dejar aquí el post, como siga escribiendo esas maravillas me abro las venas esta misma noche.
Decía yo que no iba a hacer nada una vez acabado el postgrado, pero esto es una adicción, no he podido evitar matricularme en unos estudios que a decir verdad no me interesan demasiado. Los tenía por ahí, a medias, y se me ocurrió concluirlos. No me queda mucho pendiente, la verdad; el problema es que me siento gilipollas por haberme embarcado una vez más en cosas de estas, después de haber decidido que no, que nunca más.
Total, me está afectando esta mierda en el trabajo (mala conciencia por no dedicar más energía a lo que me da de comer), en el tiempo de ocio (por supuesto), en el humor... Esta semana debería tomar alguna decisión seria, y si yo fuera inteligente lo mandaría todo a la mierda, pero me voy a dejar llevar, lo más seguro, y andaré arrastrándome por los pasillos de la facultad en el tiempo libre que pueda arañar.
Sentimentalmente no ando muy bien, tampoco. Suele pasar eso de que quien te gusta no te hace ni caso, pero ese tío del que huyes va y se enamora de ti, y sospecho que está pasando eso. Un tipo últimamente me sonríe y me da un poco la brasa, pero me tira para atrás. No es por fealdad, es que dudo hasta de su salud mental, yo diría que no es normal del todo. Además, qué puñetas, si no me gusta, pues no me gusta, y no es algo que yo pueda cambiar por la fuerza. Ah, y para colmo de males, creo que alguien me ha clasificado como lesbiana, probablemente sin ánimo de ofender. Es una colega pelín hipersexual, me parece que el problema es que si no estás tan salida como ella, automáticamente eres homo. En fin, que piense lo que quiera, no le voy a dar ninguna explicación. Bastante ocupada estoy tratando de huir del tipo raro al que le gusto.
La familia bien, gracias... No, mentira, tan mal como siempre. Es ese lugar al que regreso y en el que no puedo dar rienda suelta a nada, porque no me entenderían, o para no preocuparles. A veces me siento como una olla a presión, e incomprendida como una adolescente (¿dejé de serlo alguna vez?). Y sigue habiendo el mal ambiente habitual, esa relajación malsana cuando mi padre no está a la hora de la comida del sábado.
Creo que voy a dejar aquí el post, como siga escribiendo esas maravillas me abro las venas esta misma noche.
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