lunes, 12 de octubre de 2009

Sleepless in...

No está mal, he conseguido dormir unas 7 horas seguidas. Está bajando mi nivel de estrés; lástima que mañana volvamos a subirlo. Me pregunto cómo estará la peña del curro, tampoco acabaron muy bien el otro día. Quizá alguno/a haya pillado la baja, si es que hay webs de pillarla, que no están los tiempos para alegrías.
Como quiera que no son ni las 8 y estoy sleepless, a ver qué se me ocurre para matar el tiempo hasta las 9 o hasta cuando empiece la gente a arrastrarse hasta el baño en este día (tonto, apetecible) de fiesta.
Queridos lectores, queridas lectoras, queridis lectoris...
Se me ocurre hablar de la envidia o de pensamientos obsesivos. Me he acordado de una persona que conozco que debe de tener tanta cualificación como yo, pero probablemente sumada con más elegancia y relajación, porque gran parte de lo que tengo se debe a mi cabezonería, más que a mi verdadera capacidad.
Qué mal llevamos que nos superen en aquello que nos interesa. Yo pensaba que era algo que tenía más o menos superado, que había madurado, pero no. En el fondo, los complejos son parte del impulso para hacer lo que estoy haciendo y que he tenido que aparcar un poco por el puto estrés. Otra parte es el aburrimiento, la sensación de que la vida no cambiará si no la empujo. Otra, el trabajar en algo que no me deje este vacío por dentro.
Pero, si no existiera nadie con quien competir, ¿qué querría yo realmente? Pues bueno... Ayer fui feliz con mi tableta gráfica, haciendo cosas con mis fotos. Hace unos días me sentí a gusto cocinando, en ese área desconocida hasta hace poco como es el Reino de los Postres y que, para mi gran sorpresa, se me da bien.
Lo que no sé es si podría vivir de esas cosas, y aunque pudiera, quizá en un mes me entrarían náuseas al ver una manga pastelera: "Cómo, ¿otra vez tengo que hacer profiteroles?"

(No sé si funciona esto de la autopsicoterapia gratuita o acabaré buscando un profesional. De la Psicología, digo.)

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