domingo, 18 de octubre de 2009

Vagancia

Tengo cosas que hacer, pero también un humor festivo y relajado que me impide concentrarme. Más bien estoy pensando en los recados de mañana: Correos, pastelería, biblioteca, tienda al peso, fotocopias, echar una mano a un colega con su curro... También habrá que trabajar, cómo no, pero no va a haber jefe a la vista, así que casi voy a poder poner los pies encima de la mesa y echar una siestecita, a no ser que me hayan dejado un kilo de trabajo en la bandeja.
Es curioso lo que me tensa y me relaja tener una agenda. Me tensa ver todos los quehaceres apuntados, pero peor me iría si tuviera que llevarlo todo en la memoria, aparte de que me olvidaría de algunas cosas. Me relaja tontamente el ir tachando lo que termino, quizá demasiado, porque esa sensación de deber cumplido me impide un poco estudiar.
Todo excusas... y yo que me he encerrado en este día tan bonito para ver si me pongo las pilas... Me dan ganas de encender la tele. Al fin y al cabo, me ha hecho compañía muchas veces mientras me enfrentaba al mal rollo del estudio solitario. Como para preguntarme si lo que me pasa en el fondo es que me afecta mucho la soledad.

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