Uff... he hecho una buena, menos mal que no había testigos. He acabado insultando a un gilipollas en el trabajo. Y con razón, pero las jerarquías no suelen entender de razones: si haces esas cosas, puedes tener consecuencias graves.
El caso es que normalmente controlo mucho, pero estos días estoy como agresiva, le partiría la cara a cualquiera. A cualquiera que me diera un motivo, claro. No suelo enfadarme porque sí.
Quizá deba preocuparme.
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