jueves, 1 de septiembre de 2011

Entonces... ¿existe?

Nunca he creído en el síndrome postvacacional, hasta hoy.
Ha habido mucho saludo, algunas noticias, poco trabajo aún y cierto mareo leve de llamadas.
Bueno, pues he tenido que tumbarme un rato a la vuelta. No puede ser, ¿cómo es que estoy completamente agotada? Vale que la gente es idiota y que ya he tenido que decirle alguna cosa a una imbécil por teléfono, pero no es para tanto. El trabajo de verdad está por llegar.

¿Qué pasará mañana? ¿Y cómo lo llevaré la semana que viene, que nos la comemos enterita de lunes a viernes?

Ya, ya sé que peor lo tiene el que no tiene trabajo; sólo digo que me encuentro como si me hubieran dado una paliza.

Ah, y mi agenda sigue llena de mierdas, aunque ya me haya hecho el plano. Encima, es que no va a ser tan fácil ir haciéndolas.

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