En realidad, lo único que tiene el fin de semana es que no hay que levantarse temprano ni ver caretos de jefes. No es poco, pero tampoco tiene ningún fundamento eso de esperar hacer grandes cosas, porque no suele ocurrir nada del otro mundo el sábado ni el domingo. Vamos, que no tiene sentido estar como unas pascuas un viernes, porque al día siguiente tampoco vas a encontrar la felicidad en tu mesa de desayuno. Eso sólo pasa si echas de menos a tu pareja porque no puedes verla el resto de la semana, o si realmente te encanta lo de no hacer nada. A mí, la verdad, no me gusta demasiado, soy hiperactiva, necesito variación y entretenimiento constantes, aunque sea en forma de bricolaje.
Acabo de conseguir que el ventilador no se apague a la primera de cambio. Y aquí estoy, aburriéndome.
Me pasa algo similar. Esperar toda la semana para que llegue sábado y domingo, y cuando llegan nada nuevo o valioso ocurre. Hay salidas, sí, aveces pero nada fuera de lo ordinario. Es decir, no aporta nada.
ResponderEliminarCuál es la razón entonces para esperar con ansias el fin de semana, pues como dices, el escapar de la aberrante rutina que tanto se llega a detestar.
Entonces, cómo solucionarlo. Empiezo a creer que con el hecho de vivir día a día. Es decir, darle a cada día el mismo valor, independiente de la actividad que realizarás. Y a partir de aquí, empezar a disfrutar de los pequeños detalles de la rutina. Detalles imperceptibles o cosas insignificantes que nunca antes nos hayan producido alegrías.
Sí, no estaría mal, pero creo que es difícil ponerse en esa sintonía. Tuve una época en la que me decía a mí misma: tómate las cosas como vienen, acéptalas. Pero no fui capaz de mantener esa actitud mucho tiempo. Siempre hay alguna cosa que sucede, te desborda... y al cuerno las buenas intenciones de llevar una vida equilibrada
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