Y luego hay amigas que te sacan la mente de la mierda y te obligan a ponerla en otro lado. Aunque sea contándote un rollo. Es la sensación que saqué: me convenía ese rollo. Qué mala amiga soy, qué poca paciencia tengo y qué poco agradezco los salvamentos.
La gente sorprende. Hoy, en cuanto se ha marchado el jerifalte de turno y nos hemos quedado solos, otra persona del trabajo me ha planteado la misma pregunta existencialista que yo me planteo todos los días: "Oye, en realidad, ¿qué hacemos aquí?". Creo que llevaba tiempo pensando lo mismo que yo y no se atrevía a decírmelo. Si es así, qué bobada, yo no me corto en comentarios sarcásticos al respecto, sabe muy bien cómo pienso.
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