Debe de ser hoy. No me ha pasado nada malo, y sin embargo me he sentido absolutamente hundida por dentro. Aún lo estoy. Y no es una mera forma de describirlo, lo que noto es casi como si las costillas y el esternón se hubieran derrumbado hacia dentro. Es muy físico.
El trabajo ha ido bien, o sea, ha habido poco, el suficiente como para mantenerme distraída, y creo que ha salido aceptablemente. No he discutido con nadie. Nada me ha hecho enfadar. He sacado un rato para leer y todo. Además, me han dado una buena noticia.
Es decir, la única explicación a mi horrendo estado de ánimo es él.
Ánimo, remontar es lo que toca a partir de mañana. Diseccionar lo que ha pasado no está ni bien ni mal, es como una autopsia y sirve para aprender, pero no hay que remover los intestinos ni el hígado más de lo necesario.
Psche, pues no, no me animo. Todavía no.
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