sábado, 26 de mayo de 2012

Y además...

Quizá este mal humor me haya bajado las defensas: tengo algo parecido a una gripe. Me levanto pronto para tomar mi limón caliente y mi automedicación sin receta. Noto el malestar muscular por tantas horas de dormitar en mala postura. Creo que mi temperatura tampoco es la normal. Trato de volverme a la cama. Me vuelvo, sí, pero me levanto de nuevo, porque sé que ya no me dormiré. Desayuno de verdad. Me siento en el sofá a leer. Me arrellano. Me tumbo. Las pastillas tienen como efecto secundario la somnolencia, y cedo a ella sin remordimientos. Sueños e imágenes absurdos atraviesan mi mente. Abro los ojos y me levanto del sofá. Pico porquerías, como por ejemplo una tableta pequeña de chocolate blanco. Pequeña, pero me la como hasta la última onza, como una imbécil. Ni siquiera tenía hambre. Quizá las pastillas también produzcan algo de ansiedad, por raro que parezca, después de noquearme. Pero también han hecho su efecto: me encuentro mejor. En términos generales, claro, porque a mi colon, irritable o no, cabreado o no, la efervescencia le ha producido un exceso de gas. En fin, me conformo con volver a la vida, aunque sea adormilada.
Está claro que hoy tampoco haré nada de provecho, salvo tratar de superar esta enfermedad de poca monta. A veces, la vida te obliga a la inactividad. Bienvenida sea.

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