Dura semana, aunque no laboralmente. Tampoco en relación con lo demás, en general. Llevo más o menos bien lo del gimnasio y lo que hago en mis ratos libres, léase hobbies. Lo que ocurre es que han sido, o están siendo, unos días raros, salpicados de una colección de chispazos de mala suerte, contratiempos o como sea que se llamen.
Quizá esta mañana haya sido la mejor de las cinco. Me he llevado un elogio que aprecio mucho. He podido tomar algunas decisiones que se estaban retrasando demasiado por las circunstancias. Bueno, en realidad, me han dado una noticia regularcilla, pero que me ha servido para hacerme una idea clara de qué es lo que hay que hacer en el trabajo. También he conocido a alguna que otra persona interesante. Está bien eso de conectar desde el principio con alguien... aunque el tiempo dirá si esa conexión es sólida. De momento, tiene un toque de flechazo... amistoso. ¿O qué os creíais, iba yo a tener la buena suerte de un flechazo romántico?
¿Qué más? El miércoles volví a quedar con mi colega "chapas". Ya no tenía un viaje que contar, pero sí una visita que hizo a unos grandes almacenes, y la verdad es que fue como un cursillo de compras que yo no deseaba hacer. No me hacía ninguna falta conocer las medidas exactas de eso que necesitaba comprar, las marcas, sus tribulaciones y sus regateos... Sigo sin entender por qué siempre da tanta importancia a unos detalles tan tontos y por qué infla una historia que se puede contar en dos frases de modo que acaba durando media hora. Una historia en la que casi nadie tiene ni el más mínimo interés, además. Me alegré de que nos viéramos, pero acabé luchando contra el aburrimiento, como casi siempre.
Para variar, tengo un fin de semana apretado. Quería hacer un montón de cosas, pero con calma. Sin embargo, ya me han complicado la mañana del sábado, e incluso todo el día. En fin, será mejor que me lo tome con humor, porque está claro que no voy a tener mucho tiempo de pensar en cosas negativas. Feliz fin de semana.
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