domingo, 4 de agosto de 2013

Las pequeñas cosas de la vida

Creo que nunca debería olvidar lo que hace una taza de chocolate para desayunar: si se lo permito, me relaja como una sobredosis de tila. Me he quedado leyendo en el sofá hasta terminar el libro y aún tengo el cuerpo como flojo, y es como si me zumbaran levemente los oídos, cosa que me suena a clase de relajación o de yoga.
Había proyectado hacer algo de deporte esta mañana, pero me parece que lo voy a dejar correr... en lugar de ponerme a correr.

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