viernes, 2 de agosto de 2013

¿Para esto querías las tardes de verano?

Como siempre, estos días de verano son para comer demasiado, y eso hago. Y luego, mientras digiero el pedrusco del estómago, leo un libro que no me gusta y sin embargo soy incapaz de abandonar. Después apago la tele que me han dejado puesta, como si me interesara ese programa de peleas de tertulianos impresentables y cotillas. Pongo la mesa para no tener que hacerlo más tarde. Hago unos estiramientos y concluyo que lo mismo podría ahorrarme el esfuerzo, porque cada vez estoy más anquilosada e indiferente. Me agobio. Me siento triste y culpable de no aprovechar el tiempo con unas diversiones desconocidas. Me bajo más libros. Al hacer esos estiramientos he visto que me han vuelto a crecer los pelos de las piernas y los extermino. Eso es lo que mejor me ha sentado en lo que llevamos de tarde.
Y solamente son las 6 y cuarto...

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