Hace tiempo hice unos amigos. En realidad no me interesaban mucho como personas; sólo era que me interesaba una persona del grupo. No sé si somos amigos en realidad. Por un lado, sí, he visto que hay un par de ellos con los que comparto ciertas cosas. Uno de ellos tiene unas aficiones bastante parecidas a las mías; la otra simplemente es una chica muy agradable con la que me llevo muy bien. Por otro lado, tengo mis dudas sobre cómo definir las cosas.
Como ya definitivamente se me cayó la venda de los ojos con respecto a la persona que me interesaba, hace tiempo que me he dado cuenta de que el grupo y yo no tenemos casi nada que ver, y desde ese momento tengo mala conciencia y sensación de haber fingido demasiado tiempo. Sé eso de que en el amor y en la guerra todo vale, pero si hay daños colaterales... Bueno, no es exactamente que los haya, para ellos yo soy yo y punto. Lo malo es que no me gusta ese toque de falsedad en mi interior desde el principio.
Últimamente me dan ganas de poner tierra de por medio, buscarme una ocupación que me vaya alejando de ellos, una excusa, vaya. Ya no soy capaz de esforzarme para pasar una tarde entera de cañas con ellos. Mejor dicho, ya no aguanto más a los marcianos del grupo, gente a la que no me habría acercado ni a un kilómetro si las circunstancias hubieran sido otras. No estoy dispuesta a hacer ningún sacrificio, por mucho que no me importe mantener la relación con los que sí me caen bien.
Quizá sea la hora de tomar ese par de amistades de otro modo. Apartarlas. Considerarlas lo poco bueno que queda de todo esto. Por lo menos, la chica que comentaba es de esas personas que te hacen sentirte a gusto en una conversación cualquiera, y siempre me alegro de verla. Aunque no le cuente todo lo que ha pasado, con ella sí he llegado a la sinceridad de sentimientos.
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