Ya no he visto corazoncitos en los escaparates, pero me he secado las lágrimas interiores a base de chocolate chip cookies.
Por lo demás, día de dejar las cosas a medias. Estoy demasiado cansada, y tampoco es que haya sido una mala semana; al contrario. Pero me parece que tengo un estrés emocional importante, y no sólo por el rollito de San Valentín.
Hay muchas cosas que me ponen de los nervios y que últimamente me ha tocado padecer:
- Las costumbres de mi padre, que se cree que aún puede decirme las cosas con cierto toque de autoridad.
- Otras costumbres mías. Quizá sea infantil caer en un mutismo borde en esos casos, pero es que no me sale otra cosa.
- Ciertas personas del trabajo, aunque esta semana he podido dejarles un poquito con un palmo de narices.
- Mi apego a la rutina. No es normal estar agotada y ser tan cabezona que quiera seguir arrastrándome a mis actividades extraescolares.
- La gente que no me dice directamente las cosas, pero se las suelta a personas de mi entorno. No sé si es cobardía o estupidez.
- Una lista de "novedades legislativas" que he visto. Alguien es muy amable haciendo un listado así, pero resulta que es todo en plan subir impuestos, eliminar deducciones, etc. ¿De veras están para ayudar al contribuyente, o para hundirlo?
- Los envidiosos tóxicos. Ojo, yo también puedo tener envidia en un momento dado, pero me la trago o la convierto en espíritu de superación y trato de subir al nivel del envidiado. Los tóxicos son los que tratan de joder al que tiene algo que ellos no.
- La familia política mandona. Para qué voy a dar más explicaciones; quien la tiene, la sufre.
- El cansancio de origen desconocido que no se va ni a tiros. No sé si ha sido por estrés, el caso es que esta mañana apenas me podía mover, era como llevar pesas en las articulaciones. Como anda más gente así, puede ser que tenga algo que ver con el tiempo... si es que eso es posible.
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