Antes, cada vez que trataba de explicar a mi familia que creía estar deprimida, me decían que eran tonterías mías.
Me acostumbré a no hablar del tema, y también al mal estado de ánimo crónico.
Pero eso supuso que nada se resolvía.
Ahora no me atrevo a decir nada porque ellos están un poco mayores y no les quiero preocupar, como adulta que soy. Creo que no tengo derecho, ya tienen sus propios problemas. Sin embargo, me da que ahora me tomarían más en serio que hace años, precisamente porque soy adulta "de lleno".
Sigo sin entender que no vean nada raro, por ejemplo, en mi vida social casi inexistente. En que viva como una monja a pesar de ser cero religiosa. En que nunca les haya presentado a una pareja. Yo sí veo algo raro en ellos: que jamás me han preguntado nada de todo esto ni, aparentemente, les ha preocupado.
En conclusión: yo no hablo, ellos tampoco, y me he pasado la vida sin válvulas de escape reales.
Y así seguiré hasta el final.
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