viernes, 7 de marzo de 2014

Recuperaciones

Llevo una semana complicada y tengo los oídos dándome algo de guerra. Me había planteado no ir hoy a trabajar, pero quería sacar adelante un asunto y al final sí he ido. He podido sacarlo, no había jefes cerca. Ejem. De todos modos, me ha pasado factura como si fuera un marrón laboral, menudo cansancio me he traído de vuelta a casa. Por eso me he pasado toda la tarde tratando de no hacer nada, porque necesitaba descanso. Para mí es algo difícil de conseguir, no me sirve agarrar una manta y tumbarme en el sofá a ver la tele. Si lo intento, lo más probable es que me levante al de nada, a ver si quedan galletas o a mirar cualquier cosa en internet. Calculo que antes de relajarme tengo que soportar una media hora de estrés, sí, de estrés, debajo de la manta.

Esta tarde me ha vuelto a costar mucho relajarme, pero algo he conseguido: se me ha aliviado el hormigueo de las articulaciones, mi síntoma favorito de estrés. Bueno, de favorito, nada, porque es absolutamente odioso, es como tener una gripe sin tenerla. Por él llegué a plantearme si no sería fibromialgia lo que me pasa, pero no lo creo, no se me pasaría en un par de semanas, que es lo máximo que me suele tardar.

No debería quejarme mucho, en realidad son cosas que me he buscado yo solita, como siempre. Debería plantar algunas tareas. Total, la vida es corta, como pensaba en el funeral al que fui hace pocas semanas. Por cierto, me encontré ayer con la viuda, y me alegro de haber ido con prisa, porque una no sabe qué cara poner en esos casos, después de saludar. Yo al menos creo que soy torpe.

En fin, poca variación.

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