Escribo para mí, ante todo, y según va fluyendo mi discurso interior, que es como el aroma de un vertedero. Es lo que hay...
Me decía una amiga que me ve con mala cara, agobiada de un tiempo a esta parte. Es cierto. Y eso que el trabajo ha disminuido de intensidad últimamente. Será que ya estoy un poco al límite, algo quemada o lo que sea.
Me ha venido bien hablar con ella, aunque no he podido explicarle todo lo que quería. A veces no puedo profundizar con ella. Qué le vamos a hacer, tampoco es psiquiatra, yo cuento una cosa y ella también quiere su turno. Lástima no haber podido reventar todo ese absceso que me bulle.
No sé si es una tontería mía, he subido a un piso alto hoy, un lugar que ya conozco, pero nunca me había pasado esto de hoy, el no atreverme a mirar por la ventana por temer que me vinieran ideas tontas de saltar, así de claro.
Supongo que es bueno temer eso, es posible que no esté tan tarada como para caer en semejante ¿tentación? Si me sintiera cómoda, sería peor síntoma, digo yo (que tampoco entiendo mucho de la mente humana).
Pero antes esto a mí no me pasaba.
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