No me quería poner al teléfono, sabía que no podía con más cosas que las que ya tengo encima. Insistió, insistió, insistió. Al final, levanté el auricular y no tuve más remedio que decir que sí, que de acuerdo. Más que nada, por una cuestión de no dejar tirada a la gente.
Y aquí estoy, es domingo, pero he estado en la oficina y he currado. Mis planes de dedicarme a los estudios, a la mierda.
También me han regalado una cosa, menos es nada. Aunque necesito un día de fiesta urgente.
Debería irme a dormir dentro de un rato, porque como me pase como me suele pasar me acostaré a las mil, y a ver mañana quién me arrastra al curro otra vez. Que, por cierto, tengo miles de cosas que hacer: terminar lo de hoy, escaparme a entregar un formulario en cierto sitio, hacer unas fotocopias...
domingo, 25 de octubre de 2009
domingo, 18 de octubre de 2009
Vagancia
Tengo cosas que hacer, pero también un humor festivo y relajado que me impide concentrarme. Más bien estoy pensando en los recados de mañana: Correos, pastelería, biblioteca, tienda al peso, fotocopias, echar una mano a un colega con su curro... También habrá que trabajar, cómo no, pero no va a haber jefe a la vista, así que casi voy a poder poner los pies encima de la mesa y echar una siestecita, a no ser que me hayan dejado un kilo de trabajo en la bandeja.
Es curioso lo que me tensa y me relaja tener una agenda. Me tensa ver todos los quehaceres apuntados, pero peor me iría si tuviera que llevarlo todo en la memoria, aparte de que me olvidaría de algunas cosas. Me relaja tontamente el ir tachando lo que termino, quizá demasiado, porque esa sensación de deber cumplido me impide un poco estudiar.
Todo excusas... y yo que me he encerrado en este día tan bonito para ver si me pongo las pilas... Me dan ganas de encender la tele. Al fin y al cabo, me ha hecho compañía muchas veces mientras me enfrentaba al mal rollo del estudio solitario. Como para preguntarme si lo que me pasa en el fondo es que me afecta mucho la soledad.
Es curioso lo que me tensa y me relaja tener una agenda. Me tensa ver todos los quehaceres apuntados, pero peor me iría si tuviera que llevarlo todo en la memoria, aparte de que me olvidaría de algunas cosas. Me relaja tontamente el ir tachando lo que termino, quizá demasiado, porque esa sensación de deber cumplido me impide un poco estudiar.
Todo excusas... y yo que me he encerrado en este día tan bonito para ver si me pongo las pilas... Me dan ganas de encender la tele. Al fin y al cabo, me ha hecho compañía muchas veces mientras me enfrentaba al mal rollo del estudio solitario. Como para preguntarme si lo que me pasa en el fondo es que me afecta mucho la soledad.
viernes, 16 de octubre de 2009
De todo...
Buena semana, con algunos acentos desagradables. He conseguido llevar todo más o menos al día. He hecho constar mi valía donde hacía falta, para constatar que en realidad eso me deja un vacío. No me hace falta. No quiero seguir donde estoy, ni seguir haciendo lo que hago, así que, ¿para qué demostrar nada? ¿Sólo para subirme la autoestima? Pues puede ser una trampa, si demuestras que eres buena en lo que haces, tus jefes estarán encantados... y no te moverán de ahí.
Bien, pues por eso tengo que seguir formándome, para probar otras vías. En eso voy lenta, pero voy. Pensaba que me iba a rendir pronto, así que es como para estar satisfecha: me he acostumbrado a estudiar otra vez, hasta cuando haga falta. Ya descansaré después.
En el gimnasio, de puta madre, pero no voy a dar detalles. Lo que me pregunto es qué parte de mi rendimiento corresponde a los suplementos vitamínicos, y qué parte es verdaderamente mía. En una competición dirían que todo es mío, ya que esto no es dopaje, pero... no sé, es como si no tuviera todo el mérito por el hecho de andar apuntalando mi resistencia desde fuera.
He visto que otra gente da más importancia a mis pequeños logros deportivos que yo. Sí me hacen ilusión, pero no me considero ninguna crack, sino más bien un desastre. Si me lo curro, tiro p'alante, eso es todo, nunca destacaré, ni aunque hubiera empezado en esto a los 15 años.
Volviendo a cambiar de tema, también he tenido la sensación de que alguien hacía de celestina entre otra persona y yo, pero recriminando a la otra parte por no fijarse en lo que tiene alrededor, o algo así. El caso es que yo no tendría interés, así que nada de nada. Lo típico: es un amigo, y eso es todo. Ni siquiera es un amigo íntimo, es una persona más, alguien con quien puedes tomar algo, pero sabes que no encajáis en cosas como ideología, visión del mundo...
Luego habría dado un par de bofetadas a algún que otro listo que pretendía hacerse el gracioso precisamente de esa forma que no me gusta, pero qué le vamos a hacer, se descalifica solo el muy capullo.
Y parece mentira que hayan sido sólo cuatro días de trabajo, y no excesivo.
Bien, pues por eso tengo que seguir formándome, para probar otras vías. En eso voy lenta, pero voy. Pensaba que me iba a rendir pronto, así que es como para estar satisfecha: me he acostumbrado a estudiar otra vez, hasta cuando haga falta. Ya descansaré después.
En el gimnasio, de puta madre, pero no voy a dar detalles. Lo que me pregunto es qué parte de mi rendimiento corresponde a los suplementos vitamínicos, y qué parte es verdaderamente mía. En una competición dirían que todo es mío, ya que esto no es dopaje, pero... no sé, es como si no tuviera todo el mérito por el hecho de andar apuntalando mi resistencia desde fuera.
He visto que otra gente da más importancia a mis pequeños logros deportivos que yo. Sí me hacen ilusión, pero no me considero ninguna crack, sino más bien un desastre. Si me lo curro, tiro p'alante, eso es todo, nunca destacaré, ni aunque hubiera empezado en esto a los 15 años.
Volviendo a cambiar de tema, también he tenido la sensación de que alguien hacía de celestina entre otra persona y yo, pero recriminando a la otra parte por no fijarse en lo que tiene alrededor, o algo así. El caso es que yo no tendría interés, así que nada de nada. Lo típico: es un amigo, y eso es todo. Ni siquiera es un amigo íntimo, es una persona más, alguien con quien puedes tomar algo, pero sabes que no encajáis en cosas como ideología, visión del mundo...
Luego habría dado un par de bofetadas a algún que otro listo que pretendía hacerse el gracioso precisamente de esa forma que no me gusta, pero qué le vamos a hacer, se descalifica solo el muy capullo.
Y parece mentira que hayan sido sólo cuatro días de trabajo, y no excesivo.
lunes, 12 de octubre de 2009
Sleepless in...
No está mal, he conseguido dormir unas 7 horas seguidas. Está bajando mi nivel de estrés; lástima que mañana volvamos a subirlo. Me pregunto cómo estará la peña del curro, tampoco acabaron muy bien el otro día. Quizá alguno/a haya pillado la baja, si es que hay webs de pillarla, que no están los tiempos para alegrías.
Como quiera que no son ni las 8 y estoy sleepless, a ver qué se me ocurre para matar el tiempo hasta las 9 o hasta cuando empiece la gente a arrastrarse hasta el baño en este día (tonto, apetecible) de fiesta.
Queridos lectores, queridas lectoras, queridis lectoris...
Se me ocurre hablar de la envidia o de pensamientos obsesivos. Me he acordado de una persona que conozco que debe de tener tanta cualificación como yo, pero probablemente sumada con más elegancia y relajación, porque gran parte de lo que tengo se debe a mi cabezonería, más que a mi verdadera capacidad.
Qué mal llevamos que nos superen en aquello que nos interesa. Yo pensaba que era algo que tenía más o menos superado, que había madurado, pero no. En el fondo, los complejos son parte del impulso para hacer lo que estoy haciendo y que he tenido que aparcar un poco por el puto estrés. Otra parte es el aburrimiento, la sensación de que la vida no cambiará si no la empujo. Otra, el trabajar en algo que no me deje este vacío por dentro.
Pero, si no existiera nadie con quien competir, ¿qué querría yo realmente? Pues bueno... Ayer fui feliz con mi tableta gráfica, haciendo cosas con mis fotos. Hace unos días me sentí a gusto cocinando, en ese área desconocida hasta hace poco como es el Reino de los Postres y que, para mi gran sorpresa, se me da bien.
Lo que no sé es si podría vivir de esas cosas, y aunque pudiera, quizá en un mes me entrarían náuseas al ver una manga pastelera: "Cómo, ¿otra vez tengo que hacer profiteroles?"
(No sé si funciona esto de la autopsicoterapia gratuita o acabaré buscando un profesional. De la Psicología, digo.)
Como quiera que no son ni las 8 y estoy sleepless, a ver qué se me ocurre para matar el tiempo hasta las 9 o hasta cuando empiece la gente a arrastrarse hasta el baño en este día (tonto, apetecible) de fiesta.
Queridos lectores, queridas lectoras, queridis lectoris...
Se me ocurre hablar de la envidia o de pensamientos obsesivos. Me he acordado de una persona que conozco que debe de tener tanta cualificación como yo, pero probablemente sumada con más elegancia y relajación, porque gran parte de lo que tengo se debe a mi cabezonería, más que a mi verdadera capacidad.
Qué mal llevamos que nos superen en aquello que nos interesa. Yo pensaba que era algo que tenía más o menos superado, que había madurado, pero no. En el fondo, los complejos son parte del impulso para hacer lo que estoy haciendo y que he tenido que aparcar un poco por el puto estrés. Otra parte es el aburrimiento, la sensación de que la vida no cambiará si no la empujo. Otra, el trabajar en algo que no me deje este vacío por dentro.
Pero, si no existiera nadie con quien competir, ¿qué querría yo realmente? Pues bueno... Ayer fui feliz con mi tableta gráfica, haciendo cosas con mis fotos. Hace unos días me sentí a gusto cocinando, en ese área desconocida hasta hace poco como es el Reino de los Postres y que, para mi gran sorpresa, se me da bien.
Lo que no sé es si podría vivir de esas cosas, y aunque pudiera, quizá en un mes me entrarían náuseas al ver una manga pastelera: "Cómo, ¿otra vez tengo que hacer profiteroles?"
(No sé si funciona esto de la autopsicoterapia gratuita o acabaré buscando un profesional. De la Psicología, digo.)
domingo, 11 de octubre de 2009
Hoy, domingo de verdad
Me he despertado a las 5 y pico, a tiempo de oír cómo los borrachos del garito que acababa de cerrar se iban en masa a dormir o a seguir la juerga donde estuviera abierto. Me jode mucho que peguen gritos en la calle por la noche, es una de las cosas por las que agarraría un rifle y reventaría cabezas. Joder, si no sabes beber, no bebas.
Total, que se me ha ocurrido ir a buscar un Strepsils, pero no lo he encontrado. Juraría que me había guardado el plastiquillo en la bata, pero no estaba. En el armario, pues tampoco. Se me debe de haber caído por ahí, espero que el perro no lo pille, porque como se coma el contenido, una de dos, o se pone malo como si se hubiera comido un montón de caramelos, o le pasa algo peor, porque no son caramelos. Voy a ir a ver.
Hoy es domingo, y no voy a hacer nada, aunque tenga mucho que hacer. Solamente voy a preparar el desayuno, lo de siempre, pero ahí se queda todo lo que tengo que estudiar.
¿Por qué? Ehh..., sí, eso, porque me sigue doliendo la garganta y, de la forma que me he levantado, habría apostado por la fiebre, pero el termómetro, testarudo él, dice que no. Me pregunto si no se habrá estropeado.
También me duele la zona lumbar; vamos, como en la gripe. Qué miedo. Pero, ¿dónde está mi fiebre?
(...)
Me encuentro mejor. Los Strepsils estaban en la mesita de la tele, qué cabeza. El perro está bien, mejor que yo, claro.
Después de desayunar (sí, he cumplido con mi deber de todos los domingos), he terminado un procesamiento de fotos que tenía pendiente. No me había dedicado a ello antes porque ahora estoy prestando atención a otras cosas. Me ha gustado hacerlo, pero eran muchas y de vez en cuando me levantaba y tenía que ir al sofá. Me sentaba y me parecía como si hubiera salido de trabajar, con un tremendo cansancio, así que me quedaba a gusto ahí, despatarrada, sintiendo todo mi peso.
Ahora vuelve a apetecerme quedarme tirada un rato en el sofá, no aguanto nada.
Estoy pensando que esas fotos a lo mejor me abren algún camino, han salido bien y son para enseñar, no simplemente para guardarlas o para colgarlas en esa web mía que no mira casi nadie (y además he prometido no colgarlas).
Total, que se me ha ocurrido ir a buscar un Strepsils, pero no lo he encontrado. Juraría que me había guardado el plastiquillo en la bata, pero no estaba. En el armario, pues tampoco. Se me debe de haber caído por ahí, espero que el perro no lo pille, porque como se coma el contenido, una de dos, o se pone malo como si se hubiera comido un montón de caramelos, o le pasa algo peor, porque no son caramelos. Voy a ir a ver.
Hoy es domingo, y no voy a hacer nada, aunque tenga mucho que hacer. Solamente voy a preparar el desayuno, lo de siempre, pero ahí se queda todo lo que tengo que estudiar.
¿Por qué? Ehh..., sí, eso, porque me sigue doliendo la garganta y, de la forma que me he levantado, habría apostado por la fiebre, pero el termómetro, testarudo él, dice que no. Me pregunto si no se habrá estropeado.
También me duele la zona lumbar; vamos, como en la gripe. Qué miedo. Pero, ¿dónde está mi fiebre?
(...)
Me encuentro mejor. Los Strepsils estaban en la mesita de la tele, qué cabeza. El perro está bien, mejor que yo, claro.
Después de desayunar (sí, he cumplido con mi deber de todos los domingos), he terminado un procesamiento de fotos que tenía pendiente. No me había dedicado a ello antes porque ahora estoy prestando atención a otras cosas. Me ha gustado hacerlo, pero eran muchas y de vez en cuando me levantaba y tenía que ir al sofá. Me sentaba y me parecía como si hubiera salido de trabajar, con un tremendo cansancio, así que me quedaba a gusto ahí, despatarrada, sintiendo todo mi peso.
Ahora vuelve a apetecerme quedarme tirada un rato en el sofá, no aguanto nada.
Estoy pensando que esas fotos a lo mejor me abren algún camino, han salido bien y son para enseñar, no simplemente para guardarlas o para colgarlas en esa web mía que no mira casi nadie (y además he prometido no colgarlas).
sábado, 10 de octubre de 2009
Síndrome catarroso estresado
Me duele la garganta y a ratos tengo un calor bastante rarito. Tenía que estudiar y no me concentro desde esta mañana. A pesar de ello, han caído casi dos temas de empolle.
Lo que quiero es aislarme seis meses, no ver a nadie excepto en el gimnasio, y a lo mejor de ahí también echaría a tres o cuatro. Apenas pisaría la calle, ¿para qué? ¿Para cabrearme con la estupidez y la mala fe ajenas?
No, no es que tenga la gripe y eso me agote la paciencia. Es que tengo estrés y eso sí que me agota la paciencia. Lo de la garganta y ese calor que no llega a ser fiebre son consecuencias de la bajada de defensas por el propio estrés. Tratar de descansar también tiene su toque febril, ayer me fui pronto a la cama, me dormí y me desperté hora y media más tarde, después de una pesadilla que ahora no recuerdo, pensando que serían las tres o las cuatro de la mañana, pero qué va.
Encima, ya no sé qué decirle a la colega pesada, que quiere que quedemos para hacer algo. De momento, ha colado la excusa del exceso de trabajo, que tampoco es que sea una excusa, sino la jodida realidad.
Me pregunto cómo se las arregla en estas circunstancias mi compañero de la izquierda, que tiene tanto agobio como yo, pero además un crío al que prestar atención cuando llega a casa. Creo que yo no podría.
A lo mejor si empezara a irme todos los días a la cama a las 10, las cosas mejorarían. Es lo único que se me ocurre, pero no sé entonces cuándo iba a estudiar lo poco que estudio. Y tampoco me hace gracia desertar justo cuando todo el mundo se pone delante de la tele, es el momento de estar juntos y criticar los programas. Y luego dicen que la tele impide el diálogo en las familias... pues en la mía, no.
No sé, ¿qué más podría hacer para no estar tan jodida?
Quizá mandar mis sueños inmediatos a la mierda, pero a ver dónde dejo el "ahora o nunca" que me he planteado. Además, si luego me arrepiento del abandono, estaré en peores condiciones para empezar otra vez. Es lo que tiene el paso del tiempo.
Creo que solamente puedo prestar atención a los síntomas y obrar en consecuencia a corto plazo: si el cerebro no funciona, descanso. Si me duele el cuerpo, es estrés, así que descanso, de nuevo. Si me empiezo a sentir desamparada, descanso y relativización de problemas, sé que es producto del momento. Si me da un ataque de hambre, tratar de no atacar lo más grasiento que encuentre, como las patatas fritas o el chocolate. Tratar de sustituir los ansiolíticos por infusiones más suaves; sólo necesito tener un poco más de paciencia y no exigir quedarme dormida ya.
Yo me pediría una excedencia mañana, pero no puedo abandonar al resto.
Lo que quiero es aislarme seis meses, no ver a nadie excepto en el gimnasio, y a lo mejor de ahí también echaría a tres o cuatro. Apenas pisaría la calle, ¿para qué? ¿Para cabrearme con la estupidez y la mala fe ajenas?
No, no es que tenga la gripe y eso me agote la paciencia. Es que tengo estrés y eso sí que me agota la paciencia. Lo de la garganta y ese calor que no llega a ser fiebre son consecuencias de la bajada de defensas por el propio estrés. Tratar de descansar también tiene su toque febril, ayer me fui pronto a la cama, me dormí y me desperté hora y media más tarde, después de una pesadilla que ahora no recuerdo, pensando que serían las tres o las cuatro de la mañana, pero qué va.
Encima, ya no sé qué decirle a la colega pesada, que quiere que quedemos para hacer algo. De momento, ha colado la excusa del exceso de trabajo, que tampoco es que sea una excusa, sino la jodida realidad.
Me pregunto cómo se las arregla en estas circunstancias mi compañero de la izquierda, que tiene tanto agobio como yo, pero además un crío al que prestar atención cuando llega a casa. Creo que yo no podría.
A lo mejor si empezara a irme todos los días a la cama a las 10, las cosas mejorarían. Es lo único que se me ocurre, pero no sé entonces cuándo iba a estudiar lo poco que estudio. Y tampoco me hace gracia desertar justo cuando todo el mundo se pone delante de la tele, es el momento de estar juntos y criticar los programas. Y luego dicen que la tele impide el diálogo en las familias... pues en la mía, no.
No sé, ¿qué más podría hacer para no estar tan jodida?
Quizá mandar mis sueños inmediatos a la mierda, pero a ver dónde dejo el "ahora o nunca" que me he planteado. Además, si luego me arrepiento del abandono, estaré en peores condiciones para empezar otra vez. Es lo que tiene el paso del tiempo.
Creo que solamente puedo prestar atención a los síntomas y obrar en consecuencia a corto plazo: si el cerebro no funciona, descanso. Si me duele el cuerpo, es estrés, así que descanso, de nuevo. Si me empiezo a sentir desamparada, descanso y relativización de problemas, sé que es producto del momento. Si me da un ataque de hambre, tratar de no atacar lo más grasiento que encuentre, como las patatas fritas o el chocolate. Tratar de sustituir los ansiolíticos por infusiones más suaves; sólo necesito tener un poco más de paciencia y no exigir quedarme dormida ya.
Yo me pediría una excedencia mañana, pero no puedo abandonar al resto.
viernes, 9 de octubre de 2009
Estrés
Qué raro, justo cuando me meto en bailes complicados se satura la cosa en el trabajo. La ley de Murphy, supongo.
A mí a veces me dicen las cosas con retraso. En lugar de decirme que tengo mala cara y darme algún mimo cuando llego a casa, me dicen al día siguiente "Uf, pues ayer tenías una cara que parecía un culo". Y nada de mimos, claro.
Hoy creo que tengo la misma cara, mañana me dirán que "ayer" parecía hecha polvo. Y no me servirá de nada.
No soy la única que lleva toda la semana al borde del colapso. Hay quien estaba ya con un pie en el abismo, y a saber si no acabará la cosa con más de una baja.
Mientras tanto... seguiré teniendo mala cara.
A mí a veces me dicen las cosas con retraso. En lugar de decirme que tengo mala cara y darme algún mimo cuando llego a casa, me dicen al día siguiente "Uf, pues ayer tenías una cara que parecía un culo". Y nada de mimos, claro.
Hoy creo que tengo la misma cara, mañana me dirán que "ayer" parecía hecha polvo. Y no me servirá de nada.
No soy la única que lleva toda la semana al borde del colapso. Hay quien estaba ya con un pie en el abismo, y a saber si no acabará la cosa con más de una baja.
Mientras tanto... seguiré teniendo mala cara.
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