domingo, 7 de agosto de 2011

A cada cerdo, su San Martín

A raíz de cierta conversación que no esperaba tener, me puse a curiosear por ahí y me he enterado de cómo les va a ciertas personas que en su día nos hicieron una gran putada. Cuanto más rebuscaba, más se me abrían los ojos, hasta que se me quedaron como platos.

Estas personas están bajo un aluvión de líos judiciales que tienen una pinta espantosa de quiebra. Me he molestado en leer un montón de anuncios de Hacienda, que son públicos, y pocas dudas me quedan de lo que ha pasado.

La moral judeocristiana me ha enseñado que no hay que hacer leña del árbol caído, pero el tiempo es juez y pone a cada uno en su sitio.

Y lo mejor de todo es que han quedado con el culo al aire: los que les escucharon en su día, ahora se han dado cuenta de la verdad. Lo sé, lo he visto. Por eso empecé a investigar, precisamente.

Sí, tuve una educación judeocristiana, pero qué voy a decir: que se jodan, no me dan ninguna pena.

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