No podría aburrirme más, y llevo así todo el día. Me he puesto a leer como una loca y todo lo que he conseguido ha sido terminarme una novela sin disfrutarla. Además, creo que llevo demasiada cafeína encima, con lo cual todavía es más exasperante la propia ansiedad del aburrimiento.
Debería ir hablando en el curro de cuándo pienso coger las vacaciones. El caso es que no me hace ilusión. Bueno, está bien lo de dormir hasta que te da la gana de levantarte, pero si no tienes más alicientes a lo largo del día, sólo va a ser un mes entero de andar vegetando. Otra gente llama a sus amigos, o sus amigos les obligan a hacer cosas. Yo no tengo apenas amigas. Es decir, alguna sí, pero si somos amigas es porque cada una anda a lo suyo y no planeamos nuestra vida en torno a lo que vamos a hacer las dos el fin de semana. Sencillamente, para el sábado y el domingo tenemos aficiones muy diferentes y no tratamos de obligar a nadie a compartirlas; no funcionaría. Si nos vemos, no es en fin de semana. Suena triste, pero la verdad es que no es nada problemático, no me siento forzada a nada, y ella tampoco. Anda que estamos como para asumir compromisos, je.
Total, que volveré a tener unas vacaciones solitarias. Es el precio que pago por la independencia del resto del año. Aparte de los ataques de no-aguanto-más-esta-soledad-ni-este-aburrimiento. Quizá sea un precio alto, pero es lo que hay. Supongo que no tengo derecho a quejarme, después de todo.
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