lunes, 9 de julio de 2012

Y no te quejes...

Ha sido un lunes bastante neutro. Esperaba que fuera peor, ya que había dormido poco y encima había soñado nada más y nada menos que con el Fisco. Me he despertado una hora antes de lo que debía y ya no he podido pegar ojo, lo cual hace un total de unas cinco horas de sueño.
En el trabajo seguimos con el acojono, pero me parece que nos estamos acostumbrando a lo de no llegarnos la camisa al cuerpo, después de lo que nos contaron la semana pasada. Por lo demás, no he tenido demasiado que hacer (lo cual es bueno y malo a la vez, vaya) y me han invitado a un cafecito. Uno de verdad, no esas chapuzas que solemos tomar de la cafetera siniestra.
Por la tarde, me han dado buenas noticias de salud de alguien de la familia. Después de alegrarme, he coincidido con una amiga de la infancia a la que veo por ahí más o menos una vez al año. No sé, creo que teníamos una relación de competitividad, y cuando crecimos resultó que teníamos unas personalidades muy opuestas: ella es muy religiosa, yo no; ella se dejaba llevar por otras personas, yo... no tanto, etc. El caso es que por lo menos conservamos una especie de conexión, una mirada cómplice, como si compartiéramos un secreto. Tanto tiempo juntas en el cole deja huella, claro. Lástima que no lleguemos a ser amigas; me temo que sigue habiendo, de todos modos, cierta competitividad que nos impide abrirnos y mostrar debilidades. Cuando volvía a casa, he recordado que ella está felizmente casada (o eso creo) y he tenido un ataque de esos de "qué vacía está mi vida". A estas horas, aún no he terminado de decirme a mí misma que eso es ridículo, que qué sé yo de ella, que quizá resulte que lo suyo es una de esas soledades en pareja tan tristes... y aunque le vaya bien, seguro que tiene sus problemas, porque todo el mundo los tiene (y no es que yo le desee mal alguno, no pretendo caer tan bajo).
Hace un momento me ha hecho sentir bien una memez: desde la hora de comer he tenido algo trabado entre dos muelas, algo fibroso que no molestaba demasiado, pero tampoco había manera de sacar. Lo he intentado con hilo dental, con el cepillo de dientes, con un par de interdentales distintos... Finalmente, con mucha paciencia, he vuelto al hilo dental, lo he trabado bien y he tirado hacia la garganta, en lugar de hacia arriba o hacia los labios... y bingo, menudo pedazo de fibra. Debería haberla conservado para arreglar alfombras. Asqueroso, ya, pero me he quedado a gusto.
Ahora mismo mi problema es que este puto blogspot no me deja responder a los comentarios. Que conste que yo lo he intentado, ehh.

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