Este es un mes extraño para mí. Sobre todo, este año, con este tiempo tan raro, y con una relativa sobrecarga de trabajo, justo cuando el resto del mundo empieza a notar huequecillos en la jornada. Bueno, no la gente que curra en bares, heladerías, etc., pero en el tipo de trabajo que nosotros hacemos suele ser así, y esta vez es al contrario. Por si fuera poco, creo que esperan de mí que asuma ciertos riesgos y responsabilidades, y eso no es algo que yo lleve muy bien. En fin, si meto la pata, espero que me echen un cable.
Por otra parte, alguien ha decidido que tengo que ponerme las pilas en otros aspectos. Estoy de acuerdo, en este caso voy a aceptar ese pequeño golpe dictatorial, pero quizá se decepcione de todos modos.
Me pregunto también si todos estos fenómenos, por llamarlos de alguna manera, van a durar mucho o el otoño acabará con ellos. Más me vale. Entonces entran en juego mis proyectos personales, es decir, la presión que yo misma me impongo para conseguir ciertas cosas, y la suma de todo puede ser chunga.
No me extraña que estos días me quede como un tronco en el sofá a la primera de cambio.
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