viernes, 27 de julio de 2012

Casi, casi

No me queda nada. Este fin de semana prácticamente puedo empezar a desconectar. La semana que viene va a ser muy corta y ya me he encargado de que el trabajo se quede en casi nada.
Me he empeñado en mentalizarme ya de que estoy de vacaciones. Si me sorprenden con algo de última hora en el trabajo, me harán polvo, claro, pero estoy dispuesta a correr el riesgo de montarme esta película.

Por otra parte, me vuelven a dar dan la lata con lo que pienso hacer o dejar de hacer estas vacaciones. Es gente que si no se hace un viajecito se abre las venas, y no entiende que no a todo el mundo le vuelve loco viajar. Les parezco rara, aburrida, insociable... pero cada vez somos más los que entendemos las vacaciones como descanso, en lugar de buscar un sitio lejano donde dormir en una cama extraña por las noches y agobiarse por los compromisos durante el día. Algunos empiezan a pensar así porque no tienen dinero para viajar, otros quizá lo hayan entendido y sean sinceros. Por mí, los pelmas preguntones pueden seguir pensando lo mismo, me la pela. No voy a cambiar mis gustos por ellos.

He comenzado las pre-vacaciones leyendo un relato de terror que no he llegado a terminar. No me estaba dando nada de miedo y me he quedado dormida. No ha sido una siesta muy larga, sino más bien una serie de cabeceos de los que aún no he despertado totalmente.

Tampoco he despertado totalmente de lo que me sucedió ayer. Es extraño cuando recibes un montón de elogios inesperados de alguien... y te resbalan, porque lo que quieres en realidad es dejar de oír tonterías y darle un beso de película. Ha vuelto. Sí, él.

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