- He soñado con tiburones y una futura invasión zombie. Para mí está claro que representan mis miedos, aunque al prepararnos para la invasión no me sentía mal, me parecía estar haciendo bien las cosas, seleccionando lo que quería llevarme en mi huida...
- Me estoy pegando una maratón de The Killing. No la vi en su día, y es flipante, consigue ponerme en tensión muy a menudo; además, me gusta ese ambiente gris y podría muy bien situarse en Dinamarca, como la serie original. En los USA han elegido Seattle, ciudad en la que parece que llueve siempre.
- Además, me duelen los ojos. Tanto leer y tanto ver series no trae nada bueno para la vista.
- Y como soy de lo que no hay, todavía me habría visto la próxima de The Walking Dead, pero no ha habido suerte.
- Es extraño que te digan que parece que has crecido cuando no tienes precisamente diez años. Bueno, pues me ha pasado.
- Soy una de esas personas que siguen a la hija de Punset en Facebook. Me cae bien, me parece muy agradable, pero va a resultar ser otra de esos vendedores de humo que publican libros de autoayuda. Bueno, no sé si ha publicado algún libro, el tema es que dice las mismas tonterías de siempre sobre quererse a una misma.
- Cuando consigo acostumbrarme al ritmo relajado de las vacaciones y dejo de pensar en miserias, es cuando ya estoy a punto de volver a currar. Hay que joderse: once meses de tensiones, tres semanas para librarse de ellas y una para encontrarse bien. Esa es mi vida.
- He caído en la cuenta de una obviedad. Es decir, es una cosa que ya sabía, pero no le había dado la importancia que merecía: las dos personas que he considerado amistades íntimas en los últimos años eran frikis que aparecieron de improviso en mi vida. Con las dos compartí un tiempo y un espacio sin conocernos mucho, y cuando llevábamos meses o años sin vernos, un buen (?) día me llamaron por teléfono y empezamos a quedar. Es decir, llevo mucho tiempo sin acercarme a nadie, es otra gente la que se acerca. Y es poca gente, y bastante friki. Se pueden sacar un par de conclusiones al menos: nula iniciativa social por mi parte (fuera del saludo y el trato educado) y algún rasgo que hace que atraiga a la gente rara. No sé si esa gente tiene la costumbre de llamar pasado un tiempo a las personas que les parecieron interesantes en su momento, ni cuántos cortes o evasivas se llevarán, pero yo no me hice la dura ni la desconfiada, lo cual también indica que o soy muy mala captando el frikismo ajeno o estoy tan necesitada de relaciones humanas que jamás digo que no a un asomo de ¿amistad?
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