domingo, 5 de agosto de 2012

Kolokator

Hoy puedo escribir cualquier cosa aquí. Llevo casi todo el día sin comer, jodidilla del estómago, y he tomado algo que no debería colocar, pero me siento rara.
Se confirma que cuando no estoy ocupada ni hago deporte se me desborda el tarro. Las vacaciones tienen eso de malo, que se abre la veda de la neurona asilvestrada... pero es ella la que caza.
Me ha llamado A. Yo tenía esperanzas de lloriquearle un poco, pero uf, se ha librado de mí antes de que pronunciara una palabra. Con elegancia, incluso. Es increíble cómo la gente funciona así de bien, a mí me resulta violento cortar por teléfono. Claro que A. vive prácticamente sobre el auricular, así que tiene práctica de sobra. Me parece que me tocará a mí aguantar toda una puñetera charla sobre sus últimas aventuras. Malditas las ganas. De todos modos, no debería quejarme, porque le he soltado cada chapa a veces...
El Desierto Blanco, es decir, agosto, no está siendo tan desierto como otros años. Entre la gente que ya ha vuelto y la que no puede irse, esto parece febrero. Bueno, para mí, febrero está casi tan vacío como el resto del año, por lo que respecta a mi actividad social.
Encuentro poco que hacer. Tengo toda una agenda de tareas tontas, algunas de las cuales no me animo a quitarme de encima.
Digo yo que si esto es el mismo rollo de siempre, no parece que vaya a haber grandes cambios en mi vida ni a corto plazo ni a largo, con lo cual me resulta difícil encontrar motivos para levantarme por las mañanas, como no sea estar harta de estar tumbada.

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