Decía yo que necesitaba una oreja dispuesta a escuchar y que la iba a tener... Sí y no.
Nos hemos tomado unas cañas, la oreja y yo, pero ha cedido el protagonismo a la boca, ya que es su vecina en la misma cabeza. Y la boca me ha colocado un rollo de puta madre. No entiendo a la gente que es capaz de hacer coincidir la duración de sus viajes con la duración del relato de los mismos. Ríete tú de esos que secuestran a las amistades para hacerles ver fotos o diapositivas (también me ha pasado).
En un momento dado, se ha dado cuenta y me ha dejado hablar. Yo también tengo mis monotemas, pero creo que no he tardado más de cinco minutos en contarle todo lo que me bullía en las neuronas. Tampoco se ha pronunciado al respecto, aunque supongo que es normal, después de tanto tiempo dando vueltas a lo mismo, por mi parte.
Digamos que mi mala educación es limitada, pero la suya es doce veces mayor, en minutos. Manda pelotas.
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