miércoles, 22 de agosto de 2012

Nada...

Han caído algunas gotas de lluvia esta mañana, pero no ha durado. Ha sido tan poca cosa que me ha parecido que me lo imaginaba, y todo. Tampoco me parece que fueran gotas de la regadera de alguien que estuviera echando agua a las plantas de su balcón.

Anoche tuve la esperanza de que ya iba a empezar el tiempo de otoño: me fui quedando con el termostato como averiado, se me enfriaban las manos y los pies, aunque casi me ardían los muslos... y al final no fue nada, esta mañana mi temperatura parecía normal. Es cierto que hoy no hace tanto calor, pero en la calle; en las casas está todo como recalentado. He dejado todo en corriente un rato.

Hace unos cinco días que no hablo con mis pocas amistades: ni redes sociales, ni visitas en directo, ni nada. Me aburro mortalmente, sólo hago cosas como leer, andar por internet y demás. Lo raro es que mi familia lo considera normal. En fin, lo mismo que les parecía bien que estuviera todo el día sola en casa cuando era adolescente. Nunca han visto nada raro, aunque a veces sí me quejaba del tema. A ellos debía de parecerles que así no me metía en problemas, y como tampoco son muy de hacer vida social...

La oreja tampoco me escribe. Quizá se me notó un poco el aburrimiento que me estaba produciendo su monólogo del otro día, y se ha enfadado. Creo que también tiene bastante trabajo, pero suele mandar al menos un saludo cada varios días, incluso cuando está hasta arriba. De todos modos, está un poco diferente estos días, desde que ascendió. Espero que no se esté dando importancia.

En fin, no puedo hacer nada al respecto.

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