domingo, 26 de agosto de 2012

Eterna descontenta

Creo que en realidad vivo por el cambio. Espero durante todo el año las vacaciones, y entonces empiezo a desear ver a algunas personas, porque me muero de asco sola con mis pensamientos. Son contactos sociales mínimos y a veces bastante insatisfactorios, pero menos da una piedra, y quizá sean positivos para mi salud mental, aunque no lo parezcan (y tengo muy claro que no lo parecen en absoluto).

Dentro de unos días estaré completamente harta del trabajo y deseando que vengan las próximas fiestas. Me arrepentiré de los pensamientos de agosto, porque empezaré a dormir como el culo otra vez, o tendré líos laborales. Me dicen que no me preocupe por esos líos, que viva el momento, que sea como esa peña de las terrazas que a lo mejor está con un pie en la calle, pero de momento se concentra en su cervecita y en el no hacer nada. Es un consejo sensato, aunque esa gente tiene vida social, no como yo, y en su caso es más fácil distraerse con los colegas.

Como necesito autoputearme para no pensar, este año me he apuntado a un postgrado. No sé cómo lo voy a hacer, porque tiene pinta de dar mucho curro, pero me puede venir bien. Lo de la formación es un tópico cierto: si las cosas se ponen feas, que al menos te pillen con un título más. Mis conocidos flipan con el currículum que voy acumulando. Si supieran las bases emocionales de mierda sobre las que se construye ese caos...

Tengo que terminarme cuanto antes las novelas que tengo por ahí, ya que luego no podré leerlas... salvo que venga un ERE, y entonces el problema será que me sobrará el tiempo. Pero no, ni hablar, no puedo pensar en eso.

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