Me he despertado en mitad de la noche con una pesadilla que ya no recuerdo muy bien, pero que me ha tenido en tensión hasta que he conseguido dormirme otra vez. Creo que tenía demasiado calor con esa camiseta gorda, será mejor que vuelva a la manga corta hasta que encuentre otra cosa.
Por la mañana, me han estropeado un trabajo por un descuido. Creo que se han dado cuenta, pero ni disculpas ni pollas; como mucho, alguna cabeza baja. Muy bien...
Después, vuelta al poco trabajo preocupante. Me he pasado el resto del día leyendo en plan jeta, pero, ¿qué podía hacer? Sólo puedo decir en mi descargo que no lo he disfrutado, estaba más bien sufriéndolo.
Por si fuera poco, no me ha gustado nada la clase del gimnasio.
En plan música de fondo, me he pasado la mayor parte del tiempo pensando en mandarlo todo a tomar por el culo: trabajo, gimnasio, máster y lo que haga falta.
Por detrás, o por debajo de todo, había una sospecha de que la verdadera causa de tanta mierda (de casi toda la mierda) es el mal de amores. Y este clima tan desagradable va y pone la guinda.
O sea, plena normalidad.
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