No celebro Halloween ni Todos los Santos. De mis difuntos me acuerdo a lo largo del año, y en realidad no tengo ninguna tumba que visitar, ya no hay nadie de la familia enterrado en el cementerio.
Hoy no estoy haciendo nada. Ya era hora. Me alegro de haber pegado el tirón que he pegado, que ha sido como encarrilar el curso. Desde hace un par de días, ando más relajada. Incluso he podido ir de compras, gracias a B., que podría haber pasado de mí, pero no lo hizo. Eso sí, a cambio me tocó escuchar un rollo patatero, pero qué le vamos a hacer, yo también suelto los míos, sobre todo en relación con el chico. Que, según B., se está acercando a mí. B. tiene una visión de las cosas algo extraña, pero ojalá que no se equivoque. Yo no puedo decir nada al respecto, lo de este tío es tan misterioso...
Misterio número dos: leer un nombre en un idioma desconocido y saber automáticamente su traducción. Ir a Google y quedarse de piedra por haber acertado. No entiendo de dónde he sacado esa intuición. No es la primera vez que me pasa. Eso sí que son misterios de Halloween, y lo demás... márketing.
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