viernes, 16 de agosto de 2013

Por qué pienso así

Naces. Te llenan de lazos y ropa bonita... que hay que cuidar. Eso ya te coarta con respecto a tus hermanitos y vecinos. No te arrastres por el suelo, deja tranquilo ese lazo...

Creces. Tienes más probabilidades que un chico de tener que llevar un uniforme al colegio. No es sólo que no te dejen llevar los vaqueros desastrados, es que no puedes llevar pantalones, en general. Es probable que los niños de otras escuelas se metan contigo por llevar esa pinta de pija. Envidias, dicen los mayores. Puede ser, pero ¿y tu envidia de los que no llevan uniforme? Y te empiezan a orientar más hacia el bordado que hacia la carpintería, hacia el ballet y no hacia el deporte, prescindiendo de tus gustos... Hasta tu padre cree que debería salir de ti lo de ayudar con las labores domésticas, aunque no te obligue.

Sigues creciendo. Te cuentan cómo se hacen los niños, ves reportajes de partos y, una vez más, te vuelve a parecer una puta mierda lo de la reproducción, por el lado femenino. Los chicos se vuelven a llevar la parte más fácil. Lees sobre el cáncer de mama. Otra alegría femenina. Oyes leyendas urbanas sobre violaciones, que podrías no creerte, pero abres el periódico y ves que sí, que eso sucede. Caes en la cuenta de que las mujeres siempre tienen más problemas por el lado de la seguridad, allá donde haya hombres, o sea, por todas partes. En la clase de al lado una niña menciona algo de un exhibicionista en su calle, otra viene llorando otro día porque la había seguido un tipo con intenciones y palabras nada adecuadas, una tercera planea patadas en la entrepierna para el caso de que llegue a atacarla alguno...

Sigues creciendo. No quieres que llegue la pubertad, pero llega. Mientras tú te dedicas a menstruar, algo que te horroriza y puede doler una barbaridad, ellos empiezan a dejarte muy atrás en estatura, qué felicidad. Se vuelven más fuertes y te advierten de que pueden ser peligrosos. Empiezan a meterse contigo de otra manera, pero sigue siendo meterse contigo, y no quieres que lo hagan. Si tratas de defenderte a patadas, probablemente nadie lo entienda y te echen una bronca, por haberte puesto en peligro. Muchas de las otras chicas empiezan a verles también de otra manera a ellos, pero no entiendes por qué, si generalmente a ti te parecen unos patanes agresivos (y la mayoría lo son, no hay más que compartir una clase con ellos). Ese punto de vista tan lógico y tan poco animal pesa. Como mucho, al cabo del tiempo te puede gustar uno, dos... y es difícil que con ese porcentaje alguno de ellos sienta lo mismo por ti.

Te has hecho adulta. Ves que la calle y la noche siguen siendo territorios con ciertas restricciones si eres mujer. Hazte acompañar, no bebas hasta perder el control, cuidado con lo que te echan en la bebida... Sigues soportando miradas que no te gustan, comentarios callejeros que son como para liarte a puñaladas... Te enteras de cuánto menos cobra, de media, una mujer que trabaja. Oyes que es lógico, porque el tipo de trabajo que hacen está peor pagado seas hombre o mujer, qué gozada, pero es que la formación femenina hace cuatro días que empezó a equipararse a la masculina y sigue habiendo un techo de cristal que es como un prejuicio y es más difícil llegar a ser directora que llegar a ser director. Algunos listillos siguen diciendo que es normal, porque las mujeres llega un momento en que pierden comba, al quedarse embarazadas, y siempre van a estar más pendientes de los hijos en los años posteriores (claro, con lo mal acostumbrados que están muchos padres, que pasan de todo). Te presionan, de todos modos, para que tengas hijos. No te da la gana, y entonces eres la rara y la insensible, o la egoísta (lo que hay que oír, una vez más) por querer dedicarte totalmente a tu carrera, ya que ni siquiera te gustan los niños. Caes en la cuenta de que también te pueden estar condicionando los del techo de cristal: te preguntas si en realidad quieres hijos pero renuncias a ellos porque quieres llegar a lo más alto en tu empresa. Crees que no, que simplemente no te gustan, pero te queda un poso de duda.

Un buen día lees que las mujeres viven más años que los hombres. Te preguntas si no será preferible tener calidad que cantidad de vida. Otro buen día lees que la salud mental de las mujeres es un poco más pobre que la de los hombres, y no te extraña, viendo el percal. Más tarde alguien precisa en un artículo que la salud mental de las mujeres empeora cuando se casan y la de los hombres mejora por la misma circunstancia, y te vuelve a parecer perfectamente lógico.

Y me quedo corta, no he hablado de todas las cortapisas y discriminaciones a lo largo de la historia.

Verdaderamente, si me hubieran dado a elegir cuando era un óvulo, habría solicitado un espermatozoide de esos del cromosoma cojo, o sea, un XY.

1 comentario:

  1. La nuestra no será la generación de la igualdad y sospecho que ni la siguiente ni la siguiente. Esto es un camino muy largo que depende en poca medida del esfuerzo individual, todavía estamos controlados por costumbres centenarias cuanto no milenarias. En mi opinión el sexismo es una de las mayores inutilidades que el ser humano comete contra si mismo ya que tanto hombres como mujeres no lo somos al 100 por 100 puesto que en nuestro genoma se encuentra la aportación de millones de hombres y mujeres en la historia. Posiblemente el sexismo hoy no sea tan formal como hace 100 años pero sí sigue siendo implícito en la educación que recibimos tod@s. En este sentido yo he optado por la inadaptación.

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