martes, 8 de junio de 2010

Remontando, quizá

Me agua el día cuando a primera hora (o a otra) me encuentro a un cabroncete callejero y me lanza una mirada digamos que poco respetuosa, o murmura algo, o hace ruidos que no se sabe si son apreciativos o despreciativos. Eso me ha pasado hoy, le he lanzado una mirada asesina y me he encontrado con unos ojos vacíos, absolutamente inexpresivos y que de todos modos miraban en mi dirección. El muy gilipollas, qué pretendería. Como si una no fuera ya con el NO pintado en el chándal y la camiseta usada. O en lo que sea, el caso es que nos merecemos respeto, todas deberíamos poder ir tan tranquilas como ellos por la calle. ¿O qué pasa, no pagamos los mismos impuestos?

Por eso he pensado que la cosa seguiría como ayer y se iba a cumplir la maldición de lunes malo, semana mala. Pero no. Resulta que había llevado un trasto informático a un taller de reparaciones y, al ir a recoger el presupuesto, me han dicho que la reparación entraba en la garantía, cosa que no me esperaba. No he pagado ni un euro y me dan ganas de mencionar aquí nombres y apellidos, para agradecer el buen servicio. Obviamente, me reprimo, pero es una lástima tener que guardar el anonimato.

También me he alegrado por otra persona que ha podido solucionar un asunto bancario sin cargos. En realidad, tenía un dinero a plazo, ha leído unas noticias económicas algo preocupantes y ha ido a informarse. Y resulta que, viendo las condiciones, era el momento de sacar la pasta, y claro, se lo han permitido. Les ha mandado definitivamente a la mierda. Sólo diré que lo merecían, después de los malos modos con los que tratan a la clientela (a la clientela normal, ni me imagino cómo tratan a los morosos), que es un banco muy importante que ahora está bajo sospecha de problemas financieros y que se ha deshecho de ciertas propiedades últimamente, y... bueh, ahí ya me callo.

Bueno, es tarde y yo quería repasar una kata para no hacer el ridículo en la próxima clase.

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