Tengo un diario nuevo. Es decir, un cuaderno nuevo donde escribo cosas aún más negativas que aquí.
Dexter vuelve en septiembre.
Se han limitado los cuelgues románticos a cuando le veo, que no está siendo muy a menudo. El resto del tiempo, como mucho, reflexiono sobre el tema. Puedo funcionar perfectamente sin echarle demasiado de menos. Será que no es amol del bueno.
Llevo un rato con el estómago hecho polvo y la nariz congestionada. No son males relacionados: he comido demasiado y, aparte, tengo un pequeño catarro.
Echo de menos el bar habitual, pero está de obras y no me queda más remedio que hacerme el desayuno festivo en casa. De paso, cocino para el resto de la familia. Como no se me da mal, no me quejo. Sólo me jode que alguno se ponga morado y no me lo agradezca. En fin.
Hace unos días encontré unas plumas de dibujo y unos tinteros que tenía casi olvidados. Fue como un regalo navideño. Como encontrarse un billete en un traje que una ya no se pone. Si dibujo bien o mal, es otra cosa. Ya he hecho mis intentos.
Estoy helada, junio o no junio. Tenemos pocos grados.
También ando triste por problemas de edad. Aparento bastantes años menos de los que tengo, pero los números cantan, sobre todo dentro de mi cabeza.
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