Todo va... regular. No es que quiera dar la lata hoy también, pero... ayer se me bloqueó el Trendmicro y no pudo limpiar cinco infecciones que había encontrado. No sé, quizá sólo sean programas de publicidad, porque aparentemente no tengo problemas graves. Me sigue apareciendo el mensajito del firewall que se cargó el troyano, pero creo que sólo es cuestión de limpiar los restos. Estoy pasando el Panda Cloud y luego le tocará el turno al Argente. Tengo para todo el día. Uf. Fin del rollo geek.
Sigo con los problemas de ansiedad, y quizá sea lógico, porque eso de cambiar de trabajo, más la historia de Mr X y algunos problemas domésticos son cosas que tienen sus consecuencias. Y sólo se me ocurre a mí ir a relajarme al polígono comercial: ayer me pasé la tarde en el Decathlon, y había muchísima más gente de la que pensaba. Volví con un sujetador deportivo, un impermeable y varias chorradas más. O no tan chorradas, porque las necesitaba. Quizá no tanto el impermeable, pero mi acompañante me comió un poco la cabeza: que era precioso, que me quedaba maravilloso, además de ser barato... y piqué. No me arrepiento, de verdad que está muy bien. Me reprimí con las zapatillas nuevas, porque en realidad no las necesito. Eso sí, luego me puse a compararlas con las que tengo ahora, y me entraron las dudas. Las tengo zarrapastrosas, ya tienen años.
Bueno, a lo que iba: me he dado una crema para la espalda y me he tomado un relajante muscular. Sigo delante de la pantalla, pero trato de sentarme bien, no de medio lado. No sé si esa relajación post-desayuno era cosa del chocolate a la taza o del relajante, digamos que mitad y mitad. Mm, qué colocón tan agradable... No me hagáis caso, prefiero estar bien sin dolor ni química de por medio; lo único que, ya que ese estado era un hecho, no he visto inconveniente en disfrutarlo en esta mañana de domingo nublada y perezosa.
No sé lo que voy a hacer hoy. Dejaré corriendo los programas del PC y quizá me dedique a estar tumbada delante de la tele.
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