No tengo jefe, no tengo trabajo. Maravilloso, me voy de recados. Eso, si me lo permite el cansancio, que espero que sí, porque no parece del anémico, sino del otro, del sano, consecuencia de la pasada deportiva de estos días.
En el gimnasio no saben de mis problemas con el hierro. No es que sea un secreto, es que no ha venido a cuento hablar de ello. Tampoco quiero soltarlo sin más, porque suena a hacerse la víctima, a tratar de ser el centro de atención gritando "pobrecita yo". De todos modos, parece que sí me hago la víctima, que me canso sospechosamente antes que nadie..., cuando eso no tiene nada de teatro. Me canso y me ahogo de verdad, mi resistencia está muy por debajo de la del resto. Pero, al doblarme tan a menudo, posiblemente dé una impresión de niña floja que quiere que le tengan lástima.
Quizá esté haciendo el tonto. Recientemente he estado una semana sin ir, y la verdad es que me encontraba bastante bien. Por el descanso, digo yo.
Lo que pasa es que quiero mis endorfinas para doparme a gusto, claro.
Me voy de recados, decía.
(...)
He vuelto, y encima con un regalo por presentar un bono. Un regalo comestible, riquísimo. Para disfrutar en el sofá, picoteando, mientras sigo con mi libro hipnótico.
Además, la mañana está siendo buena. Me he pasado un rato como si fuera la decana, no todos los días se puede quedar laboralmente tan bien. Tan, tan bien, que tengo miedo de que pase algo que estropee esta sensación de euforia antes del fin del horario de trabajo.
... De momento, no ha ocurrido eso, incluso ha ido a mejor la cosa. Es una lástima que la gente no agradezca las ayudas, pero me he sentido bien aunque fuera un trabajo pesado, me he visto segura y capaz, con la autoestima por ahí arriba. Ánimo, ya falta menos.
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