Viernes forzosamente casero, y a la tarde no podré ir al gimnasio, fijo. Me duele un montón la garganta y no hago otra cosa que beber agua a poquitines. Ya me he hartado de los caramelos con y sin vitamina C.
Soy mala enferma. No tengo paciencia para estar quieta, ni soy de esas personas que llevan el dolor o las molestias con dignidad. Al contrario, no aguanto nada bien el dolor, en mí no se cumple lo que dicen de las mujeres, que somos menos quejicas. A mí me duele, y me duele, y punto. Además, siempre ando al borde del lloriqueo en estos casos, necesito que me den besitos y palmaditas cuando estoy mala... aunque hace años que no hay voluntarios/as. Me desespero con el paso de los días, sobre todo si tardo un poco más de lo normal en recuperarme, y no estoy segura de ser justa con los que me rodean. Claro que hay gente muy tocapelotas, que cree que te has pillado la baja para ayudarles a ellos con lo que sea, y se mosquean si pasas de ellos.
Mm, voy a tumbarme, me estoy cansando mucho...
¡A reponerse que la salud es lo primero!
ResponderEliminarSí, qué remedio... :-(
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