Que no puedas añadir banda sonora a tus diapositivas, o que se la puedas añadir pero de repente te engorde hasta 230 megas, o que no sirvan para nada los programas de reducción.
Que los niñatos del gimnasio te traten como a una abuelita y no sepas qué es peor, si el sutil cachondeo que percibes o el respeto que te tienen ante tu avanzada edad... de 30-y.
Que tus patadas se hayan ido técnicamente a la mierda al mismo ritmo que tus vacaciones.
Que no seas capaz de empuñar un lápiz y encima te dé casi igual.
Que el cable de pago no te dé nada interesante en uno solo de sus decenas de canales.
Que no sepas qué hacer con una tarde tan bonita y soleada porque no tienes un parque de verdad a mano o porque el parque de verdad está lleno de yonkis.
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