viernes, 5 de noviembre de 2010

Augh, creo que...

... se han dado cuenta mis compañeros de lo mucho que me cuesta hablar por teléfono con la gente. No sólo por mi modelo de móvil del año que se inventaron; es que tampoco toco el fijo, si puedo evitarlo. Normalmente, me comunico por correo electrónico o fax. En realidad, es peor el hecho de pensármelo que el trámite en sí, así que soy tonta... pero, por mucho que lo racionalice, se me hace cuesta arriba.

Llevaba días posponiendo una llamada que tenía que hacer porque no sé por qué demonios se estaban retrasando en una documentación que me hacía falta. Justo ayer llegó, y me alivié de librarme de hacer la puñetera llamada.

Y como esas alegrías no suelen durar, hoy me han dicho que llamara por teléfono a alguien, en lugar de escribirle, porque no nos convenía esperar un email de respuesta que podía o no llegar. Guay. Me he hecho la fuerte, pero creo que daba el cantazo, que se daban cuenta de que no me gusta nada, cosa que supongo que se imaginaban al no verme parlotear con nadie casi nunca. Pues eso, he dicho que sí, que bien, que llamaría...

He hecho de tripas corazón y he descolgado el auricular y demás. Total, el tipo del otro lado me ha cortado enseguida... para pedirme que le mandara un email y así tenerlo todo claro.

Es decir, que tiene guasa el tema: tanta incomodidad, para acabar haciendo lo que quería hacer desde el principio.

Por cierto, creo que esa documentación que he recibido con alivio tiene un error... y puede que haya que repetir todos los trámites.

Mierda.

Otro día hablaré de mi dislexia para los recados, de la que culpo a esa pequeña ansiedad permanente que arrastro.

3 comentarios:

  1. ¿sabes? creo que este es uno de los pocos blogs que me identifican.
    Normalmente paso de comentar, además soy mujer de pocas palabras. Pero ésta vez me nace escribir, primero para darte ánimos y pedirte no dejes tu blog.
    Y segundo, felicitaciones,me gustan tus entradas.
    He querido comentar antes, al fin me he animado, ya no pararé.
    Saludos.

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  2. Y al respecto, yo no soporto móviles, teléfonos a menos de 5 metros de mí.
    Me molesta el chirrido que hacen cuando hay una llamada entrante. Me molesta también, cuando hablo más de un minuto y mi oreja se pone roja y me pica.
    Pero lo que menos aguanto es cuando suenan de sorpresa y nadie más lo puede contestar.
    Ahí me quedo: el teléfono y yo.
    Él, que no deja de sonar.
    Yo, que no armo de valor para contestar.
    Me asustan demasiado, no soy buena improvisando y podría ser cualquiera, entonces debo estar preparada para todo tipo de conversación.
    Ni siquiera me sale natural un hola o aló.

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  3. Hola... veo que tú también tienes un blog, pero sin posts... Escribe algo, mujer, así te podré comentar yo también. :-)

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