viernes, 31 de diciembre de 2010

Críos

Mi padre oye una entrevista a una famosa cuyo padre le dice que tenga hijos, porque si no va a quedarse sola para siempre. Viene y me lo cuenta. Casualmente, salen en la tele unos famosos que van a tener un bebé. Un momento más tarde surge mi propia edad en la conversación. Vale. Creo que no son imaginaciones mías: aquí hay una insinuación. No he contestado, me he dedicado a ignorarla descaradamente.

De todos modos, es como para darle la dirección de este blog, y concretamente la de aquella entrada que ahora no encuentro y que venía a decir que me parece de un egoísmo supino tener hijos. Además, no me gustan demasiado los críos. Si me gustaran, habría titulado este post de otra manera.

Paradojas de la vida: se me ha ocurrido preguntarle a Google a ver si conoce algún test de capacidades maternales, y me ha soltado unos cuantos. El primero me ha dado como resultado que no lo haría mal como madre; el segundo, que ni se me ocurra tener hijos, que lo haría fatal; y el de desempate, que sería una madre genial. Me pregunto si será porque soy consciente de lo que hay y veo las cosas con bastante objetividad.

Pero no, hombre, ni adoptando. A veces me siento egoísta por no ofrecer mi casa a un crío desprotegido de tantos que hay, pero una de dos: o me vuelvo paranoica con lo de cuidarlo, como en tantas circunstancias de la vida, o no le hago ni puto caso después de un par de días (esto es lo más probable).

2 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo: se trata de un gran egoísmo, por no decir algo peor. Para mí, algunas veces, es sólo un acto criminal. Traer a alguien a esta vida tan maravillosa, como quedará demostrado esta noche en todas las cadenas de televisión. ¿A qué? A penar y luego a morirse. Vamos a dejarlo en inconsciencia e irresponsabilidad. Al menos desde mi punto de vista, que coincide con el de este personaje de un libro de Ernesto Sabato: “yo no quise venir a este mundo, no hice ninguna seña. Estaba tan cómodo que cuando me tocó salir me resistí, me puse de culo. Pero me sacaron igual, a la fuerza. Siempre a la fuerza, en nombre de lo mejor” (Abaddón el exterminador).

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