Anteayer me encontré un céntimo por la calle. Me dijeron que cuando pasa eso hay que pedir un deseo, y eso hice. Lo cierto es que por la tarde tuve una pequeña sorpresa en relación con el deseo, pero de eso hablaré otro día. En fin, al grano: no sé por qué, tiendo a encontrar monedas por la calle, como los zahoríes con el agua, pero sin varita. Lamentablemente, nunca hay billetes, o no soy yo quien los avista. Bueno, no me quejo, la mayoría de la gente nunca se topa con estas propinillas.
Y eso no es nada. Ayer me dio un mono tremendo de chocolate cuando estaba currando. Salí, fui a la máquina de chucherías, metí las monedas y pulsé el numerito de las chocolatinas. Bueno, pues debía de tener el día sensible la maquinita, porque entendió que había pulsado dos veces el 1, y me dio una barrita de cereales que no se parecía en nada a lo que yo quería. Eso sí, me dio el cambio religiosamente, ya que es más barata y sobraba pasta. Buah, yo seguía con el mono, que ya parecía un gorila sentado en mi hombro, así que fui a la máquina de bebidas y pedí un chocolate líquido. Me lo sirvió sin problemas, y cuando fui a recoger el cambio... sorpresa: en lugar de tener ahí cinco céntimos, tenía 35. Supongo que alguien los había olvidado. En resumidas cuentas: tuve mi chocolate gratis, y la barrita de cereales, bien barata.
Luego pensé si no debería haber dejado ahí lo que no era mío, pero resulta que es una zona semipública donde puede entrar prácticamente cualquiera, y vete a averiguar a quién pertenecía el cambio. Sí, podría haberlo dejado, inhibirme, pero eso habría sido dejárselo al usuario siguiente, que seguramente se lo habría llevado y punto. Más o menos, tranquilicé mi conciencia; la suma era mísera, cierto, pero no me gustaba la idea de que pudiera ser de algún colega (creo que tendría muchas menos contemplaciones en engañar a Hacienda, si pudiera).
Lo dicho: tiendo a encontrarme pasta en pequeñas dosis. Los de mi entorno se ríen, y hay quien piensa que hago alguna trampa, que no puede ser que me encuentre tantas chapas por casualidad. Es muy curioso. A lo mejor fui una urraca en otra vida y por eso me fijo en el metal brillante. O quizá sea un efecto más de mi baja autoestima, que me hace mirar al suelo.
"O quizá sea un efecto más de mi baja autoestima, que me hace mirar al suelo."
ResponderEliminarMe ha hecho bastante gracia esa frase la verdad... Normalmente yo hace tiempo que no encuentro más dinero que cinco céntimos, eso si, perder ya perdí un pastón y fueron de esos momentos en los que te entristecías y pensabas "¿qué te pasa? ¿como puedes despistarte tanto?" Pero bueno, es solo material... y luego lo que hago es aumentar el síndrome de diógenes guardándome pequeñas cosas que encuentro por la calle, como el caso de unas fotos carnet de unos niños pequeños, las llevo en la cartera como si fuesen mis sobrinos o algo así...
Lo de los céntimos creo que tiene una pequeña explicación y es que la gente considera que no valen nada, por eso hay afluencia de céntimos. Al menos los de mi alrededor los "maltratan" así, tirándolos al ver que son tan "insignificantes".
Un saludo
Curioso, lo de las fotos. Yo no sé si me daría un poco de mal rollo.
ResponderEliminarSí, la gente a veces ni se molesta en agacharse, pero en mi caso es que, si voy con otras personas, nadie más que yo ve la moneda o se la encuentra justo en su camino, eso es lo curioso.