El examen, creo que bien. Y como soy tonta, aún no he sido capaz de descansar. No sé cómo me las arreglo; cuando no es un recado, es un enganche aquí, en la pantalla. Mis planes eran sofá y tele, y no los he cumplido.
Claro que podría ser peor, en mis años universitarios no podía dormir la noche después de un examen. Se me aparecían las preguntas y no recordaba bien mis respuestas, no sabía si me había equivocado, o peor, me daba cuenta en plena noche de que había contestado mal sobre algo importante. Me daban paranoias: ¿Habré entregado el borrador o el texto a limpio? ¿Y si se me ha traspapelado algún folio?
Esta vez me he tomado todo con un poco más de tranquilidad y seguridad y apenas me han venido esas imágenes.
Esta semana tengo un microviaje, unos análisis... y un día de fiesta. Increíble. Desde Navidad no ha habido ninguno.
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