Antes de que se levante toda la casa, tengo tranquilidad para esto y para otras cosas. He aprovechado para lavarme las melenas, que ya era hora.
Hoy es 19 de marzo (que no 18, como pone arriba), y se me plantea un problema. No sé si felicitarle o no. Necesito tiempo para recuperarme de las putadas gordas, incluso aunque se haya arreglado, más o menos, lo que sucedió. De momento, no he pasado de dirigirle la palabra ocasionalmente. No está mal, después de año y bastante de ignorarle. ¿Debería sentirme culpable? No sé, si no tengo capacidad para el perdón instantáneo, pues no la tengo. Por lo demás, yo no hice nada, fui la víctima de sus chapuzas, su desconsideración, su orgullo y hasta sus burlas. Que quizá es lo que no termino de perdonarle: que abusara de mi buena voluntad y luego, al reclamarle, se burlara. Por miedo, por orgullo, por disimular, por sentar sus reales, por creer que yo debía tener confianza ciega y no llamarle la atención, por lo que sea, pero nunca debió hacerlo.
No sé, si ya de entrada no tienes una relación maravillosa con una persona, pero eres lo suficientemente generosa como para ayudarle cuando te lo pide, esa persona debería cumplir sus promesas contigo, no dar largas ni mirar hacia otro lado, y menos mofarse, ¿no?
En fin, veremos lo que pasa. Voy a hacer el desayuno, eso sí.
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