Me duelen. Lo de siempre: un dolor extraño, como difuso, pero que me deja hecha polvo. Lo más parecido, el dolor de las contracturas musculares (en reposo, quiero decir, no cuando te pega el tirón).
No me parece ningún chollo ser tía, y en estas circunstancias, menos. Odio toda la fisiología femenina, con sus tampones, sus compresas, su camisita y su canesú. Los anuncios de Evax no se los creen ni las actrices esas. Pero lo peor de todo es el dolor, claro. Luego dicen las leyendas que en ciertos días estamos sistemáticamente de mala leche. Pues sí, y no. No es que las hormonas nos vuelvan locas, o al menos no es mi caso. Es más sencillo: el dolor pone de mala leche a cualquiera, o si no, ¿es normal que sonría un tipo que se lleva un golpe en las bolas? ¿A que no? O me da lo mismo, no es que tenga fijación con los testículos: si nos duele un oído, la garganta o un pie, no estamos para muchas fiestas.
Mientras tanto... más me vale forrarme de ibuprofenos: varios de 600 mg, uno detrás de otro, a intervalos de 8 horas. Suelen ser tres pirulas en total, pero pueden ser dos o cuatro. Pura automedicación, puede que un ginecólogo, o un médico en general, se llevara las manos a la cabeza, pero es lo que me funciona. El paracetamol de 1 gramo es una mierda para esto, una inutilidad que apenas suaviza el tema y que encima me obliga a esperar 8 horas bastante desagradables antes de la toma siguiente. Ayer esperé sólo 6, o de lo contrario habría tenido que levantarme a las tantas. Hoy me he dejado de experimentos y por la mañana me he tomado un ibuprofeno. Luego notaba una molestia en el lado derecho, debajo de las costillas, y he empezado a pensar cómo estaría mi hígado con tanta química. Ojalá que solamente hayan sido gases, o incluso una postura inadecuada en mi silla. Y, desde luego, mi propia hipocondria.
Total, ¿para qué pasar por toda esta mierda? Yo no tengo hijos y no entran en mi programa. Me podría extirpar toda la instalación de golpe, si no fuera porque es una operación complicada y con consecuencias para la salud. Esa es otra: o te duelen los ovarios periódicamente o se te debilitan los huesos. Y, de todos modos, cuando te dejen de doler para siempre, eso es lo que te ocurrirá.
La vida es un putadón. Quiero ser tío.
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