Furia de destrozar, de abrir cráneos, de rajar tripas, o simplemente de aplastar narices y hacer que lloren. De humillar, de pisotear como cucarachas, de dejar los restos al sol...
Sí, desde siempre me pasa con ellos. Y no tengo una válvula para dejarla salir. Sólo este blog y el gimnasio ayudan.
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