sábado, 6 de marzo de 2010

Remedios menores

He constatado, una vez más, cómo las actividades de autocuidado relajan. Llevaba posponiendo el esquileo sobaquil unos cuantos días, y no debería haberlo hecho, porque... qué bien me he quedado cuando me he visto las axilas lampiñas. Espero que no me crezca el pelo de aquí al chequeo que tengo después del examen. O sí, así me relajo otra vez.

Otras veces me ha pasado lo mismo después de un rato de hacer tareas domésticas. Lo había experimentado, luego lo leí en algún sitio, y ya no me quedaron dudas de que funciona, aunque de por sí no me gustan esos trabajos rutinarios que se hacen para deshacerlos de nuevo y repetir. El truco es no pasar de unos 20 minutos. Vamos, es incompatible con dejar para el final todo el trabajo que supone llevar una casa.

Tenía la sensación de no haber hecho mucho en toda la mañana, pero quizá no ha estado mal: la depilación, el repaso de un tochillo, cien preguntas de repaso de test, pasear al perro... Sí, aunque creo que debería haber hecho 200 ó 300 preguntas. Bueno, haré unas cuantas más hasta la hora de comer... si Will y Grace me dejan.

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