sábado, 27 de marzo de 2010

Tres minutos

Me estoy depilando. Es decir, la crema apestosa esta me está depilando; yo sólo hago tiempo. Otras veces me he llevado una revista al baño, pero hoy no tengo ninguna y además estoy sola, así que me he venido tranquilamente al salón, con la bata por los hombros, para no manchar las mangas.
En realidad soy bastante descuidada con estas cosas, sólo las hago cuando voy a enseñar las axilas, y es posible que me ponga el bañador estas vacaciones. Además, resulta que el martes voy a la revisión anual, me pondrán electrodos o lo que sea, así que decididamente no es cuestión de llevar barba sobaquil de semanas.
Oh, ya está, voy a quitarme esta porquería y a lavarme un poco. Ahora vuelvo.

(...)

Bueno, pues no es que haya quedado perfecta, pero bastará para no dar una impresión demasiado mala. También espero reducir un poco el michelín, que va por buen camino: sólo dejando de comer porquerías, y no del todo, he perdido medio kilo en una semana. Quiero perder otros tres, y sé que no lo conseguiré antes de las vacaciones, pero me basta con ir bajando poco a poco. Apenas necesito fuerza de voluntad; sólo estar ocupada para evitar pensar en las chucherías. Y si estoy tranquila, incluso puedo estar sin hacer nada, tirada en el sofá viendo la tele. Las palomitas no son tan imprescindibles.
Lo malo son ciertos obstáculos: cada vez que no voy yo al supermercado, me encuentro el armario lleno de galletas, patatas y demás gorrinadas. Cada vez que paso por la nueva tienda de gominolas, de vuelta del trabajo, tengo que mirar a mis zapatos y ordenarles alejarse. Cada vez que encuentro una receta nueva, tengo que probarla.
Y tanto hablar de vicios, ahora mismo estoy pensando en hacer una visita a la cocina...

No, no y no.

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