martes, 21 de diciembre de 2010

Caserones

A veces me engancho a programas que, si estuviera sola delante de la tele, no vería. Pero me los ponen, y acabo viéndolos. Uno de ellos es Supercasas, que parece ser una especie de publicidad del arquitecto que ha construido todas las que van saliendo. Me pregunto para qué puede necesitar este hombre publicidad; tiene pinta de que el boca-a-boca entre famosillos y ricachos es suficiente, y desde luego el trabajo que hace tiene pinta de publicitarse solito. Como no sea para vender esas casas más asequibles que parecen cubitos de hormigón...

Me parece un tipo curioso, el arquitecto. Creo que parece mayor y no lo es tanto, tiene pluma y no debe de ser gay, a veces parece un tiradillo y resulta que está forrado... Tampoco tiene pelos en la lengua: en el último programa, dijo abiertamente que no le gustaban los niños, aunque, bueno, ahora sus hijos sí que le gustan, sobre todo el mayor (me pregunto qué pensará el menor cuando tenga edad de ver esos viejos programas que grabó su padre en 2010).

Las casas están muy bien, la mayoría son una pasada, a no ser que no te guste el estilo minimalista y de tonos neutros... como a mí. Seré una pobretona hortera, pero me gustan las habitaciones acogedoras, la madera y los sofás en los que caes y ya no puedes moverte del gusto. Creo que no podría vivir feliz sobre suelos de piedra o mármol, ni me apetece que todo sea blanco o negro. Y menos mal: si se me encapricharan semejantes edificios, viviría muerta de envidia, porque no creo que nunca llegue a tener semejante capital como para comprarme uno.

Me pasé el programa comparando la vida de los propietarios de estas casas con la de la gente que acababa de ver en 24h. Por ejemplo, otro arquitecto, éste de centros comerciales, que llevaba años en paro, tenía un niño y otro en camino. Había pedido curro de lo que fuera, y no le daban nada. Mal asunto, teniendo 40 y tantos años, aunque parecía tranquilo y equilibrado. Gente como esa está llenando los comedores gratuitos desde hace un tiempo, y está claro que ha cambiado el perfil del pobre. La verdad es que era como para echarse a temblar; no es descabellado que cualquiera pueda encontrarse de la noche a la mañana en esa situación.

No, nadie está a salvo.

3 comentarios:

  1. Yo también he visto ese programa sobre el nuevo perfil de pobres y da un poco de miedo porque siempre piensas que no te va a pasar a ti, pero, como bien dices, nadie está a salvo.
    Volviendo al tema de los lectores de libros electrónicos, este fin de semana he estado mirando más y el Sony me parece una opción interesante salvo porque no tiene wifi.
    También he descubierto los Wolder y, ahora mismo es una opción que estoy considerando seriamente. Andan más o menos igual de precio que el Sony pero sí que incorporan wifi y también son táctiles. ¿Has mirado alguno? ¿Qué te parecen?

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  2. Los Wolder decían que eran buenos, mira a ver si dicen algo en ciao o dooyoo. También hay una página que se llama lectoreselectronicos.com o algo similar.

    Yo no quiero nada que tenga wifi, nada que produzca ondas, aparte del mínimo de electricidad. Ya estoy bastante expuesta, así que engancharme al ebook a lo mejor sería desengancharme del portátil y el móvil, por ejemplo.

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  3. ¡Gracias por los consejos! miraré a ver qué encuentro ... ;D
    La verdad es que yo también paso demasiadas horas al día delante del ordenador, pero, no sé, si por el mismo precio puedo coger uno que tenga wifi, es algo que veo útil

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