domingo, 2 de enero de 2011

Día 2

Está todo tristón, ha llovido y no sé si sigue haciéndolo.

Aún tengo que acostumbrarme al numerito: ya no es 2010, es 2011.

Este (recién nacido) año aún no he aprovechado mucho el tiempo, que digamos. El anterior lo terminé con monigotes, el presente aún no he dibujado nada. No sé para qué lo hago, pero si no lo hiciera, entonces sí que tendría la sensación de perder el tiempo, y por ende, la vida. No creo que me vaya a hacer rica ni famosa con los lápices, y tampoco es algo que me sirva para expresarme a mí misma. Lo que lo hace merecer la pena es esa sensación de escape que me da la concentración; sólo entonces dejo de pensar en mis traumas de fondo. Y claro, si el resultado es bueno, me siento Van Gogh, Velázquez y sus colegas, todos juntos. Al menos, por el resto del día.

Casi sin darme cuenta, voy teniendo una pequeña cantidad de obra gráfica a mi nombre, repartida de una forma un poco anárquica. Algunas cosas cuelgan de paredes ajenas. La mayoría sigue en los cuadernos que tengo en el armario. No las han visto más críticos que los espontáneos de internet, pero los profesores esporádicos que he tenido decían que soy buena, modestia aparte.

Estoy pasando por una época de dedicarme a ello, y a veces noto un progreso general, algo que antes no tenía. No sé lo que durará; ya he pasado por lo mismo antes, y la sensación ha desaparecido al tener que concentrarme en otras cosas, generalmente relacionadas con el trabajo (esa cosa cotidiana que sólo me sirve para financiar lo que sí me interesa).

Realmente me gustaría mandarlo todo a la mierda para poder dedicarme a dibujar... Una pura utopía.

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