Hoy he esquivado la ley de Murphy. Sigo con mi catarro a cuestas, pero había decidido bajar a desayunar fuera, porque es algo que echo de menos el resto de la semana y no hay que perder esas oportunidades. He aguantado como he podido, y luego, en lugar de ir a hacer compras, he enfilado el camino de casa.
Pues... cómo me alegro de haber hecho eso que es tan poco habitual: en cuanto me he dado la vuelta, me ha saludado la pesada más pesada del barrio, que sí iba hacia el supermercado. Hacía meses que no me topaba con ella, y justo hoy aparece. Si llegamos a ir en la misma dirección, fijo que se me habría pegado y me habría contado su vida y milagros, y un dolor de cabeza no es lo que más me apetece en estos momentos.
Llevo un rato aquí sola, con mi forro polar, mi manta y la calefacción encendida, y no se nota mucho el calor. Sin embargo, no tengo fiebre. Esto es demasiado para ser un vulgar catarro, pero sin fiebre tampoco lo llamaría una gripe. Quizá el antigripal me está evitando ver la temperatura que tengo en realidad, lo que también significa que funciona, por otra parte, si me está quitando grados o décimas.
¡Espero que te mejores pronto!
ResponderEliminarGracias, Begoña, ahora mismo estoy un poco mejor, a ver si mañana ya me levanto bien
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