Me he llevado un sustillo esta mañana: me han pasado una factura por una pasta gansa. "Lamadrequelospariócienmillonesdeveces", he pensado. Luego me he controlado y he pedido que me lo aclararan, y... sorpresa: cuadraba. Menos mal que no he dicho en voz alta lo que me había parecido el tema en un primer momento.
Realmente, se está notando la cuesta de enero. Todavía duele el agujero en el bolsillo que supone diciembre, y encima vienen pagos que hacer por todas partes, por no hablar de que todo ha vuelto a subir, menos mi sueldo.
En cuestiones de pasta, la única buena noticia es que van a hacer el experimento de prestar libros electrónicos en algunas bibliotecas, con la maquinita incluida. El e-reader, vaya, ese trasto que me quiero comprar. Lo haré de todos modos, pero lo del préstamo me parece una buena oportunidad para hacer pruebas, por si acaso resulto una romántica de esas que echan de menos el olor de los libros recién impresos.
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